Quizás Nietzsche inició ese modo de filosofar que intenta interpretar una época. Aunque lo hizo antes Hegel. Gilles Lipovetsky, que pasó recién por Chile, se reconoce en esa tradición. Sus ensayos tienen un cariz muy sociológico. El estilo es veloz, ágil, provocativo y ambivalente. Se hizo famoso con "La era del vacío"(Gallimard, 1983). Su tesis: la modernidad y su criatura, el capitalismo, se construyeron sobre la "esperanza futurista", la postergación de la gratificación instantánea. Le ha sucedido un "capitalismo hedonista", un "individualismo puro, desprovisto de los valores sociales y morales". Es un narcisismo vacío.
Luego publicó "El imperio de lo efímero" (1987), examen del fenómeno de la moda, expresión de los tiempos en los que se "eclipsa la tradición". El imperio del pasado, propio de las sociedades tradicionales, y del futuro, propio de la modernidad, ceden ante la preeminencia del presente, "el tiempo de la moda", de la búsqueda de novedades y de la experimentación. Incluso las vanguardias artísticas han sido tragadas por esta ansia de innovación noticiosa cuya lógica es la de la moda.
En "Le luxe éternel"(2003) sostiene que el lujo es necesidad humana tan connatural como la comida o el sexo. En sociedades tradicionales se manifiesta como don y se ofrece, sobretodo, a los dioses. Siguiendo a Mauss dice que la fiesta y su prodigalidad reflejan la regeneración de la vida. Hoy la búsqueda del lujo, explotada por las marcas de prestigio que aumentan día a día, intenta revelar "una personalidad singular, una originalidad, un gusto personal...Hoy el lujo está más al servicio de una imagen personal que de una imagen de clase". Se aparta así de Bourdieu. La moda trasunta el culto por lo efímero, pero a la vez, recorre "los lugares de la memoria".
Las feministas creían que la mujer, incorporada al mundo laboral, abandonaría los usos de las mujeres "de su casa", entre ellas, la preocupación por su estética. La liberación sexual y la independencia económica las alejaría del maquillaje, las formas y el vestuario, concebidos para adaptarse a los deseos del macho dominante y explotador. Sobrevendría una era de gran homogeneidad entre lo femenino y lo masculino.
Los datos, según "La tercera mujer" (1997) indican lo contrario. Por ejemplo, los hombres en general no se maquillan y las mujeres sí. Las mujeres que trabajan han potenciado la industria de cosméticos, pues gastan más que las otras en productos de belleza. Su atractivo estético es un elemento que facilita su éxito laboral y sexual. "El movimiento de rehabilitación contemporánea de la belleza masculina no significa en modo alguno disminución de la disimetría de los roles y posiciones estéticas de los dos sexos", afirma Lipovetsky.
"La moral del instante" dio paso al culto de la salud. En "Les Temps Hypermodernes" (2004), su último libro, se vive bajo amenaza. El carpe diem, el "todo, todo y rápido", la utopía de la liberación de los sesenta, se fue. Imperan la democracia, el mercado, la técnica y los derechos individuales de un individuo más angustiado. Es el "tiempo del riesgo y la incertidumbre." Por ejemplo, los movimientos ecológicos están volcados a evitar un futuro que ven catastrófico. Persiste el matrimonio y el deseo de relaciones de amor estables. El impulso religioso actual no es tradicional; emana de una necesidad moderna de ser reconocido como perteneciente a una comunidad con raíces. Ni nihilismo, ni dramatismo veo en Lipovetsky; tampoco grandes entusiasmos. ¿Un liberalismo sobrio?
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