"...la evidencia sobre la relación entre sindicalización y desigualdad muestra efectos muy acotados, si no nulos...".
En las últimas décadas, muchos países han sido testigos de un importante aumento en la desigualdad de salarios. Las explicaciones para ello son variadas, pero quizás donde existe más investigación al respecto es en Estados Unidos. Ahí, si a mediados de los años 70 la razón de los salarios del percentil noventa y el percentil diez era de alrededor de 3,4 veces, en 2005 ésta estaba en alrededor de 5 veces.
Una explicación a este fenómeno, que ha ganado adeptos entre algunos políticos chilenos, es la tesis defendida por Paul Krugman y Robert Reich. Ellos, en libros recientes y con matices, sostienen que estos cambios tienen que ver con la política antes que con la economía, en el entendido de que a partir de los 70 se habrían lesionado ciertas instituciones que habrían mantenido a raya la desigualdad. Entre ellas destacan el debilitamiento de los sindicatos, del salario mínimo, de las escuelas públicas y de la progresividad del sistema tributario. Todo ello habría llevado a cambios en la "distribución de poder".
Sin embargo, la posición de estos académicos no es la única ni la más vigente. La explicación más plausible de los aumentos en las brechas salariales está en lo que en la literatura especializada se denomina cambio técnico sesgado hacia el trabajo calificado. Así, la principal fuerza detrás del aumento de la desigualdad radica en que los cambios tecnológicos de las últimas décadas habrían producido un alza en la demanda por mano de obra calificada superior al aumento en la oferta, incrementando sus salarios de mercado. Por otro lado, los salarios de los trabajadores no calificados estarían creciendo menos debido a que los cambios tecnológicos no habrían favorecido su productividad. En términos relativos, entonces, las empresas demandarían menos trabajadores no calificados. Todo esto se ve reforzado por fenómenos migratorios (donde los inmigrantes corresponden generalmente a mano de obra no calificada, aumentando la oferta) y por la globalización.
Los datos respaldan fuertemente esta hipótesis. Por ejemplo, es un hecho que en Estados Unidos ha habido un aumento en los retornos a la educación superior. Así, si a mediados de los 70 los egresados del college ganaban un 50% más que aquellos con high school, en 2005 percibían un 85% más. Además, los salarios reales de los menos calificados se han mantenido prácticamente estancados.
¿Por qué optar por esta tesis y no por la de Krugman y Reich? Centrémonos en dos de las explicaciones que estos autores han dado para el aumento de la desigualdad: la caída en el valor real del salario mínimo y la disminución en la participación sindical.
De ser cierta la tesis del salario mínimo, la descompresión salarial se observaría sobre todo en los sectores de bajos ingresos; es decir, la desigualdad habría aumentado sobre todo en la cola inferior de la distribución. Sin embargo, los datos para Estados Unidos nos muestran el fenómeno opuesto. La evidencia revela un fuerte incremento de la desigualdad en la cola superior de la distribución de salarios (que se refleja en un aumento muy significativo de la razón del salario del percentil 90 con el del percentil 50), mientras que la razón del salario del percentil 50 con el percentil 10 (o desigualdad en la cola inferior de la distribución) se ha mantenido constante e incluso por épocas ha caído. Esta evidencia, en cambio, es compatible con la hipótesis del cambio técnico sesgado hacia el trabajo calificado.
¿Podría explicarse el aumento en la desigualdad por cambios en los niveles de sindicalización? En Estados Unidos, la densidad sindical pasó de casi un 30% en los 70 a menos de un 15% en 2001. Sin embargo, la evidencia sobre la relación entre sindicalización y desigualdad muestra efectos muy acotados, si no nulos. De hecho, los estudios académicos más favorables a los sindicatos concluyen que la existencia de éstos no afecta la medida de desigualdad en más de un 5% para la distribución de salarios masculinos. En el caso de las mujeres, el efecto es prácticamente nulo. Lo que sucede es que el efecto de la sindicalización en la desigualdad salarial tiene dos componentes que actúan en direcciones opuestas. Cuando algunas empresas se sindicalizan, el diferencial salarial entre los trabajadores de éstas con el de otras sin sindicato aumenta. Este componente lleva a que en un mundo sindicalizado habría mayor desigualdad que en uno sin sindicatos. El otro componente tiene que ver con que un sindicato tiende a reducir la desigualdad entre sus afiliados, lo que redunda en una disminución de la desigualdad. Entonces, la dirección del efecto neto de los sindicatos en la desigualdad salarial depende de manera crucial de cuál de los dos componentes domina, y en qué magnitud lo hace.
En suma, que los cambios en las distribuciones salariales puedan atribuirse a cambios en la distribución del poder no parece tener suficiente respaldo.
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