XXIII FORUM DA LIBERDADE-2010-PORTO ALEGRE-BRASIL 1er. PANEL-CAPITALISMO 12 DE ABRIL 2010
ELIODORO MATTE L. PRESIDENTE EMPRESAS CMPC SANTIAGO CHILE
Estimados amigos,
Es un honor para mi poder participar en esta versión XXIII del “Foro de la Libertad”, organizado por el Instituto de Estudios Empresariales del Estado de Río Grande Do Sul. Y un privilegio compartir este panel junto al destacado banquero Pedro Moreira Salles y a Arminio Fraga, otro banquero a quien se le ha denominado como el Greenspan de Latinoamérica. Agradezco sinceramente su invitación, la cual consideramos un honor. Además es una gran oportunidad para que ustedes nos conozcan y nos permitan ser parte de esta vibrante comunidad empresarial.
Cuando fui invitado se me pidió que hablara del destacado intelectual y economista Ludwig von Mises. Releyendo parte de la vasta obra de Von Mises, he recordado gran parte de mi vida. Mises tuvo una larga y productiva vida intelectual. Murió a los 92 años, un 10 de octubre de 1973, casi un mes después del golpe militar en Chile. Esos fueron momentos muy difíciles para los chilenos. En 1970, cuando Salvador Allende era elegido Presidente de la República con un 36% de los votos, yo partía a estudiar a la Universidad de Chicago. Recibía noticias desalentadoras: inflación del 500%, altísimo déficit fiscal, estatización de los medios de producción, desórdenes sociales, etc. Y todo lo que habían escrito grandes pensadores como Von Mises y Hayek, se cumplió: el modelo socialista en Chile había fracasado. Después de nuestro fallido experimento socialista, el 11 de septiembre Chile vivía el golpe militar.
Durante el régimen militar, al margen de los condenables atentados contra los derechos humanos, se abrazaron una serie de políticas liberales. Chile tuvo la oportunidad de implementar un modelo económico basado en la libertad de un mercado competitivo. Inicialmente fueron las grandes reformas de los Chicago Boys, donde destacan Sergio de Castro, Jorge Cauas y José Piñera (aunque estos dos últimos no son de Chicago), las que fundaron las bases de la nueva economía, lo que en ese entonces se conocía como el “milagro chileno”. Y a partir del año 1985 los cimientos de nuestro éxito económico fueron promovidos por una nueva etapa de reformas lideradas por Hernan Büchi. Cabe destacar un masivo y pionero plan de privatizaciones junto a la consolidación de un Banco Central autónomo.
Y lo más importante es que los Chicago Boys creían que un modelo de libre mercado en la economía impulsaría una demanda creciente por elecciones democráticas. Tenían razón. En 1989 el pueblo de Chile democráticamente puso fin al gobierno militar. De hecho el buen desempeño de nuestros últimos 20 años bajo gobiernos de la coalición de centro izquierda radica en que, pese a las presiones políticas e ideológicas y al mayor o menor acento en lo social, nuestros cuatro presidentes lograron mantener gran parte del modelo. Y los resultados están a la vista. Por favor miren como ha crecido el PIB per cápita en este período (4 veces).
Aunque no detallaré los resultados de 33 años de economía de mercado, quisiera destacar el grado de apertura de la economía chilena. El arancel de importación promedio el año 2009 fue solo de un 1.2% con un máximo de 6%. Ello ha permitido que las exportaciones se hayan multiplicado por 8 en este período y las importaciones por 10. Y la mayoría de las empresas chilenas han subsistido bien y se han desarrollado como nunca antes. No hay que tenerle miedo a la apertura y la competencia; son el mejor estímulo para la innovación y el emprendimiento. De hecho la inversión como porcentaje del producto subió 12 puntos, desde un 13% al 25%. Y el fuerte fue del sector privado.
Como saben Chile hoy se encuentra bajo un nuevo gobierno de centro derecha. Y después de un devastador terremoto magnitud 8.8 en la escala Richter enfrentamos un proceso de reconstrucción. Estoy convencido que esta tragedia será una oportunidad para reconstruir un Chile mejor. No olvidemos que nuestros países saben de crisis, pero también saben de oportunidades. Personalmente espero que se puedan implementar aquellas reformas que aún están pendientes, y que nos llevarán finalmente al desarrollo.
En Chicago tuve el privilegio de comprender en profundidad la importancia del mercado y su tremendo impacto en el desarrollo económico. Mientras nuestros países estaban enfrascados en añejas ideologías -- sólo recordemos las teorías de la dependencia o sustitución de las importaciones -- Chicago nos abría los ojos a un nuevo mundo, al mundo del mercado libre y sus beneficios sociales. Al regresar de Chicago, junto a muchos otros chilenos que habían tenido la oportunidad de estudiar afuera, trabajé tres años en el Sector Público, como jefe de Finanzas del Ministerio de Salud. Entonces mi padre me pidió que entrara a CMPC, nuestra compañía familiar. Mi gran desafío fue transformar a CMPC, una compañía local que operaba en un mercado nacional protegido, en una empresa internacional que hoy trabaja en un mercado global muy competitivo. Nuestra incursión en Brasil es el mayor ejemplo de esto último. Y hoy puedo decir que estamos muy orgullosos de comenzar a trabajar en Guaiba para contribuir al desarrollo de este maravilloso estado de Rio Grande do Sul y de este gran país.
En mi caso personal, desde muy joven, me interesé por los temas públicos. Siempre me han inquietado las preguntas acerca de los fundamentos de la economía de mercado y del orden social. He sido y seguiré siendo un ferviente seguidor y promotor del verdadero pensamiento liberal. Esta tradición, que comienza con Adam Smith y la Ilustración Escocesa en el siglo XVIII y alcanza su máxima expresión en el siglo XX con von Mises y Hayek, está hoy más viva que nunca. Pero bien sabemos que aún tiene muchos enemigos.
Las grandes ideas que sustentan esta tradición liberal siempre han guiado mis pasos. Y si bien tuve el privilegio de trabajar en el sector público, mi permanente inquietud pública la he canalizado, junto a un grupo de destacados empresarios e intelectuales chilenos, a través del Centro de Estudios Públicos (CEP). El CEP es una entidad académica sin fines de lucro, multidisciplinaria, independiente de los partidos y corrientes políticas. El CEP, que presido con mucho orgullo y que cumple 30 años de vida, se financia íntegramente con donaciones de empresas y fundaciones. En el CEP se realizan investigaciones y seminarios sobre temas teóricos y políticas aplicadas. Es responsable de la principal encuesta político-social que se realiza en Chile. También ha hecho contribuciones importantes en el ámbito de las políticas públicas, especialmente en materias relativas al sistema judicial, financiamiento de la política, reforma del Estado y medio ambiente, entre otras.
En el CEP la libertad, el pluralismo y el respeto a la diversidad no son sólo conceptos y aspiraciones intelectuales. Son una realidad. Es un lugar de encuentro y discusión donde la libertad va siempre acompañada de la responsabilidad.
Nos anima la fe en el poder del trabajo riguroso donde priman los buenos argumentos. Creemos que en un ambiente de libertad y respeto por la diversidad las posiciones finalmente se ponen a prueba en el mercado de las ideas. Porque al final es el debate serio y competitivo el que determina, mediante el test de mercado, aquellas ideas o políticas públicas que son beneficiosas para el país.
A través de nuestra Revista Estudios Públicos, que va en el número 117, desde el Centro de Estudios Públicos también hemos realizado una amplia labor de examen y difusión de los grandes pensadores liberales. Ludwig von Mises, por cierto, ha estado entre ellos.
A mi juicio Ludwig von Mises nos entrega una comprensión muy profunda acerca del mercado, no como debería ser, sino tal como es. Los fenómenos sociales, como insistía el discípulo más avezado de von Mises, Friedrich von Hayek, son complejos. Y el mercado, como una realidad en permanente cambio, no es excepción. La visión de mercado de von Mises nos recuerda esa amenazante característica que los empresarios bien conocemos. Me refiero a lo que otro gran economista austríaco, Joseph Schumpeter, definió como el concepto de “destrucción creativa”. Para todo empresario el riesgo, esa ilusión u espejismo de la incertidumbre, es inherente al mundo en que nos desenvolvemos. En palabras de von Mises “The market process is a daily repeated plebiscite, and it ejects inevitably from the ranks of profitable people those who do not employ their property according to the orders given by the public”.
Aunque es la arriesgada acción transformadora de los empresarios y de las políticas públicas lo que mueve el motor del desarrollo, debemos ser cuidadosos al pensar en cómo se mueve este motor. Más aún cuando se trata del rol del gobierno. Hayek solía repetir la diferencia entre “human action and human design”: el mercado es una realidad humana sujeta a incesantes modificaciones que resultan de las acciones de millones de personas que interactúan intentando mejorar sus condiciones de vida. Esta acción humana debe ser guiada, pero no dirigida, por diseños humanos. Y la mejor guía es finalmente la competencia del mercado.
Adam Smith criticaba al hombre sistema, que veía a la sociedad como un tablero de ajedrez donde podía mover las piezas a su antojo, olvidando que cada pieza, o sea cada persona, tiene un movimiento propio. Von Mises y Hayek vieron claramente las consecuencias políticas de esta idea. Es más, von Mises pensaba que podemos influir en el estilo de vida de los demás a través de ideas, de opiniones, o a través de la persuasión, pero no debemos forzar a los demás a ajustar sus elecciones y estilo de vida de acuerdo a lo que a nosotros nos parece correcto. Esta libertad como impedimento de la coerción es lo propio de la economía libre. “Freedom really means the freedom to make mistakes”, nos dice von Mises en su “Economic Policy”. O como popularizó Milton Friedman, somos “libres para elegir”.
¿Y en qué consiste, según von Mises, la actividad propia del empresario? En anticipar los precios futuros y tomar decisiones respecto de bienes actuales en función de esas proyecciones. Y en esta anticipación y comprensión del mercado se produce la cooperación. Permítanme elaborar esta importante idea. Para Von Mises “the market economy is the social system of the division of labor under private ownership of the means of production. Everybody acts on his own behalf; but everybodys actions aim at the satisfaction of other people’s needs as well as at the satisfaction of his own. Everybody in acting serves his fellow citizens”.Esta idea del mercado como medio de asistencia y cooperación no intencionada está también presente en el concepto de división del trabajo de Adam Smith. Y a Hayek, el discípulo más famoso de von Mises, no le gustaba hablar de ciencia económica, sino de catalaxia, la palabra griega para intercambio. Pero Hayek había notado que los griegos también definían la palabra catalaxia como “cuando un enemigo se hace amigo”. Esto obviamente ocurría con el comercio. Las ventajas mutuas del intercambio libre son evidentes. Todo esto von Mises lo sabía muy bien. No en vano resumía esta idea del libre mercado y la cooperación definiendo la civilización como “a work of peaceful co-operation”.
Con la caída del muro de Berlín se selló, hace más de veinte años, el colapso de los regímenes totalitarios. El libre mercado, como planteaba von Mises, promueve el fin de las tiranías socialistas y nos conduce naturalmente hacia un gobierno representativo como la democracia. En palabras de von Mises: “tyranny is the political corollary of socialism, as representative government is the political corollary of the market economy”.
Olvidar el pasado es el peor enemigo del futuro. Por eso nuestros países no deben olvidar que los experimentos socialistas se inician con los atentados a la propiedad privada. Una vez que los gobiernos se apropian de los medios de producción, estas utopías continúan privando a los ciudadanos de la libertad, para terminar, si es necesario, con la vida de quienes no están de acuerdo. Von Mises lo dijo de manera rotunda: “A society that chooses between capitalism and socialism does not choose between two social systems; it chooses between social cooperation and the disintegration of society. Socialism: is not an alternative to capitalism; it is an alternative to any system under which men can live as human beings.” Por eso pienso que si nuestros países gozan de la libertad, es nuestro deber condenar de manera enérgica su ausencia en países como Cuba y Venezuela.
Pero afortunadamente lo que tenemos hoy es un mundo de mercados cada vez más integrados, de comunicaciones rapidísimas, con capitales en permanente y veloz movimiento. Un mercado fluido y cambiante, moldeado por las conductas y las proyecciones de millones y millones de seres humanos. Un mundo, en suma, que se parece poco al que visualizó Marx y mucho al que describió von Mises. Pero el legado de von Mises nos exige estar siempre alertas. Debemos estar siempre atentos cuando las riendas del gobierno giren en la dirección equivocada. Sólo recuerden como hace un año, en medio de la crisis financiera, algunos llamaban con mucho entusiasmo a una mayor intervención del estado.
Nunca antes en la historia los empresarios tuvieron la oportunidad de operar en tantas partes del mundo, con tanta información y libertad de capitales y de comercio. Para un empresario es un privilegio poder tomar decisiones en un mundo como el que nos toca. Hay riesgos, catástrofes, errores, injusticias y miserias por doquier. Pero nuestro empuje y energía le está cambiando las condiciones de vida a millones y millones de personas. De todo esto no cabe duda.
Este es el potencial creativo que queremos desplegar aquí en Brasil a través de nuestra empresa CMPC, a la que le he dedicado 30 años de mi vida, mi alma y mis mayores esfuerzos.
CMPC es una Compañía que se desenvuelve en el ámbito de la creación de productos industriales y de consumo a partir de la transformación de la madera. Esta industria tiene algunas características particulares. En mi país, al igual que en Brasil, no existe la posibilidad de licitar grandes volúmenes de madera de bosques naturales, como, por ejemplo, en Canadá y el Noroeste de Estados Unidos. Eso significa que, para poder asegurarnos el suministro de las fábricas, debemos plantar nuestros propios bosques y fomentar el desarrollo de éstos por terceros. Y plantar bosques significa anticipar nuestros proyectos entre diez y veintidós años, según se trate de eucaliptos o pinos. Actuamos con visión de largo plazo y casi sin señales de precio, ya que muchos futuros clientes aún no han nacido. Así, tal como nos recuerda Von Mises, nuestros clientes de hoy y del futuro son los que definirán nuestro propio futuro.
Nuestra industria se debe aventurar sobre la base de inciertos escenarios de preferencias, precios y volúmenes de demanda de nuestros clientes futuros. También debe atender las necesidades de los stakeholders, en un entorno donde muchas externalidades no están técnicamente evaluadas, sino que se discuten más bien en el ámbito de las percepciones y las presiones políticas. Y pocas industrias son sometidas, por parte de organismos estatales, a estrictísimos sistemas de certificación social y ambiental, y por parte de las ONG’s, a los niveles de exigencia, escrutinio y demandas de control con los que operamos día a día.
Hoy tiene especial relevancia el avance de la ciencia económica en aspectos de vanguardia como la valorización de bienes y servicios ambientales y sociales, de manera de generar señales de mercado y condicionar lo menos posible las actividades al albedrío del plano político. Avanzar en internalizar las externalidades sociales y ambientales en los precios, es permitir que toda la gente decida sobre que, cuánto y donde conservar o producir.
En Chile, tenemos una tradición ya bastante larga de consenso en los principios económicos básicos, una conducción sana de la economía, alejada del populismo, una base de respeto al derecho de propiedad y una institucionalidad estable y creíble. Todo lo anterior constituye un entorno indispensable para el desarrollo de los negocios, en especial aquellos como el nuestro, orientado al largo plazo. Gracias a esto, el sector forestal chileno, en las últimas tres y media décadas, formó una base de plantaciones forestales de 2,2 millones de hectáreas y construyó una infraestructura industrial y comercial relacionada que representa aproximadamente un 3% del PIB y cuyas exportaciones alcanzan a 5.000 US$ millones al año, dando empleo directo e indirecto a unas 450 mil personas.
La industria forestal en Chile no sólo ha aportado beneficios económicos y sociales sino también ambientales. Es así como las plantaciones forestales han sido por lejos el mayor aporte tanto para contener la erosión y recuperar suelos degradados, como para capturar emisiones de carbono y mitigar el efecto invernadero. Además, el establecimiento de plantaciones en Chile, Brasil y otros países del mundo está haciendo un aporte invaluable a la conservación de la biodiversidad, produciendo en muy poca superficie (3,5 % del total mundial de bosques) y en forma muy eficiente, más del 35% de la madera que utiliza el mundo, permitiendo de esta manera liberar de presión productiva bosques naturales de alto valor ambiental. En Chile el 95% de la madera de uso industrial proviene de plantaciones de rápido crecimiento, lo que le ha permitido proteger los bosques naturales en Parques y Reservas públicas y privadas que hoy representan más del 20% del territorio nacional.
CMPC, que recientemente cumplió 90 años de vida, ha sido en Chile una empresa líder en el desarrollo de bosques y de nuevos mercados. Tiene instalaciones productivas en 8 países latinoamericanos, ventas consolidadas por más de US$3.000 millones al año, un 70% de ellas fuera de Chile. Estamos presentes con nuestros productos en 50 países. Nuestro principal cliente es China; el segundo, los Estados Unidos. En los últimos 30 años hemos octuplicado nuestro tamaño y nuestro valor de mercado se ha multiplicado por 80. El profesor von Mises destaca la importancia de la acumulación de capital productivo – ahorro e inversión - para la prosperidad de los países. Pues bien, lo mismo es válido para las empresas, y tal vez sea la clave que ha permitido a CMPC mantener un crecimiento sólido. Y nuestra reciente inversión en la adquisición de la Unidad Guaiba, en Río Grande do Sul y de la empresa Melhoramentos en San Paulo, nos permitirá participar en este país que vemos como el de mejores perspectivas para el desarrollo de la industria forestal en las próximas décadas.
Brasil posee, además de la abundancia y magnífica calidad de sus tierras para las plantaciones forestales, un sistema económico serio, con instituciones sólidas y reglas claras donde existe un decidido apoyo de la sociedad a la empresa. Se aprecian autoridades empeñadas en facilitar y empujar el emprendimiento privado y eso, no hay duda, favorece la llegada de nuevos inversionistas. Pero no debemos olvidar a von Mises ya que aún queda mucho por hacer. Tal como dijo recientemente el ex Presidente Fernando Henrique Cardoso, hay un gran desafío pendiente: “a verdadeira discussao no Brasil hoje é se teremos um capitalismo burocrático, corporativo, em que o Estado manda e resolve, ou um capitalismo de competicao, de clara orietacao liberal”.
Muchas gracias
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