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Dedus Crespus

Sandra Quijada J..

Dedus Crespus

(…) muchas mujeres están eligiendo evitar el costo del cuidado. No porque no quieran tener hijos, sino porque las condiciones bajo las cuales deben criarlos siguen siendo profundamente desiguales.

Históricamente el trabajo doméstico no remunerado ha recaído en las mujeres. A esta carga se añade una creciente participación en el mercado laboral que, pese a seguir siendo de las más bajas en la OCDE, ha generado que en promedio el tiempo total de trabajo que realizamos sea muy superior al de los hombres.

Las cifras parecen mostrar avances. Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT), entre 2015 y 2023 la brecha de género en la carga total de trabajo se redujo en un 38%. Lamentablemente esta disminución no se explica porque los hombres estén asumiendo más responsabilidad en el hogar, sino que las mujeres destinan en promedio una hora diaria menos al trabajo no remunerado. Y eso, definitivamente, no es avanzar.

Estos resultados abren algunas preguntas relevantes: ¿Qué explica esta disminución? ¿Es la caída en la tasa de natalidad un factor determinante? Estas interrogantes las abordamos en el estudio: Tiempo, género y familia el costo del cuidado, junto a Ariadna Chuaqui y Sylvia Eyzaguirre.

Parte de nuestros resultados muestran que la disminución de la brecha de género en el trabajo no remunerado se debe, en gran medida, a las mujeres con hijos entre 0 y 5 años, quienes redujeron en un 28% el tiempo destinado al cuidado. Este grupo explica el 86% de la disminución del tiempo promedio dedicado a estas tareas.

El 14% restante se vincula a un fenómeno que rara vez se conecta con esta discusión: la caída en la tasa de natalidad.

Las mujeres entre 25 y 44 años sin hijos disminuyeron alrededor de 15 minutos el tiempo de trabajo no remunerado. Tener hijos implica, en la práctica y como confirman estos resultados, asumir una sobrecarga que impacta directamente en la autonomía económica, las trayectorias laborales y la calidad de vida de las mujeres.

En este contexto, muchas mujeres están eligiendo evitar el costo del cuidado. No porque no quieran tener hijos, sino porque las condiciones bajo las cuales deben criarlos siguen siendo profundamente desiguales.

Una brecha que se reduce porque las mujeres destinan menos tiempo y no porque los hombres destinen más solo puede interpretarse como una mala noticia. Es más bien una señal de ajuste silencioso, una adaptación individual a un problema estructural que como sociedad no hemos resuelto.

Al parecer, seguimos enfrentando –especialmente los hombres– la misma “enfermedad” que evidenció Comunidad Mujer en su campaña de 2021 “Dedus Crespus”. El diagnóstico sigue vigente, al igual que su tratamiento.

Sino avanzamos hacia un cambio cultural real, esta distribución inequitativa del tiempo seguirá limitando la participación laboral femenina, elevando el costo de oportunidad de trabajar y perpetuando las brechas salariales y de oportunidades. Pero, además, seguirá tensionando los proyectos de vida de las personas.

Es hora de tomarse enserio el tratamiento y trabajar para reducir el síndrome de “Dedus Crespus”.