Opinión El Mercurio, 24 de noviembre de 2017

A tres semanas

David Gallagher |

¿Cómo harán Piñera y Guillier para conseguir los votos que necesitan para ganar? ¿En el caso de Piñera el 13,4, y en el de Guillier el 27,3 por ciento?

El domingo en la noche Beatriz Sánchez atacó duramente las encuestas. Sugirió que ella podría haber pasado a segunda vuelta si no hubieran subestimado tanto su votación. Desde luego nunca lo sabremos, pero, sin desmerecer el notable desempeño de la candidata, no es descartable la hipótesis contraria. Si en Gran Bretaña mucha gente votó por Brexit porque las encuestas decían que iba a perder -"no había riesgo en darse un gustito"- ¿no les habrá ocurrido algo parecido a algunos que votaron por Sánchez? ¿Por lo menos a algunos de los que marcan la diferencia entre la votación de ella y la del Frente Amplio en diputados? ¿Votos "choros" emitidos porque "no había riesgo" de que pasara a segunda vuelta? Repito, nunca lo sabremos, pero si es cierto que las encuestas en algo alteran la realidad, en vez de solo tratar de reflejarla, no necesariamente la alteran en las formas que parecen más obvias.

Lo mismo se podría decir de la sobreestimación del voto de Piñera. Las encuestas le hicieron un flaco favor. Primero, por la complacencia y el triunfalismo que ocasionaron. Complacencia entre sus votantes que hizo que muchos no se molestaran en sufragar. Triunfalismo en sus huestes que despertó rabia en los anti-Piñera, estimulándolos a votar a ellos. Peor aun, el error de las encuestas hizo parecer que Piñera estuviera en una curva descendente. Si "antes" tenía "más del 40" en la elección "bajó a poco más del 36". Luego, la elección para él fue una "derrota", y el momentum electoral ahora iba en su contra.

Nada más falso. Todo indica que la encuesta Cadem se siguió haciendo hasta el final, y que Piñera seguía igual de arriba. No hubo cambio. Lo que hubo fue un simple error en la encuesta. Un error que ofuscó el hecho de que el domingo a Piñera y a Chile Vamos les fue muy bien.

Lo que no significa que la segunda vuelta no sea más reñida de lo que nos hicieron creer. El tema de análisis ahora es: ¿cómo harán Piñera y Guillier para conseguir los votos que necesitan para ganar? ¿En el caso de Piñera el 13,4, y en el de Guillier el 27,3 por ciento?

La aritmética implícita en la pregunta indica que debería ser harto más difícil para Guillier. La primera vuelta ya demostró el escaso entusiasmo que él despierta. En la segunda, entrarán en juego nuevos factores, negativos para él. El más importante es la fuerza del Frente Amplio. Guillier es un buen hombre, pero nadie lo ha acusado de tener ideas muy claras o definidas. ¿Cuánto se va a dejar tironear por el Frente Amplio en la campaña y cuántos votos de los que ya recibió puede perder como resultado? Eso que la campaña no es lo más importante. Mucho más lo es su eventual gobierno, dado que para gobernar tendría por definición que depender de los 20 diputados del Frente Amplio. Como consecuencia, su gobierno tendría que estar muy a la izquierda incluso de lo que ha sido el de Bachelet. ¿Será eso lo que querían los que votaron por él en primera vuelta? No lo creo. Por eso por mucho que gane votos de Sánchez, Guillier puede perder bastantes votos propios. Es que ahora sí los votantes van a ver que están en juego dos visiones absolutamente diferentes de país: la de mejorar un Chile que conocemos, y la de la aventura utópica.

Por otro lado muchos de los votantes de Sánchez carecen de la carga ideológica que se les atribuye. Algunos se pueden cambiar a Piñera. Con razón se ha analizado el caso de comunas como Puente Alto, donde un día gana Ossandón y otro, Sánchez. Eso demuestra que muchos votantes siguen a personas más que a ideologías. ¿Qué tienen en común Sánchez y Ossandón? Cercanía, simpatía, y esa capacidad que se hizo políticamente famosa con Bill Clinton, de "sentir el dolor ajeno". A eso parece estar apuntando, en buena hora, el nuevo comando de Piñera.