Opinión | La Segunda, 13 de junio de 2017

Aborto

Las diferencias que como sociedad tenemos en esta materia no son susceptibles de ser zanjadas a partir de la razón.

Es importante reconocer que el aborto nos enfrenta a un dilema excepcional. ¿Tiene derecho el Estado a disponer del cuerpo de una mujer? ¿Tiene derecho una mujer a matar a un feto antes del nacimiento? A diferencia de quienes creen que este asunto se reduce a una cuestión de distribución de libertades, creo que el criterio que a cada persona permite discernir es el valor que cada una otorga a la vida de ese ser que aún no nace.

La mayoría considera que la vida de un feto de 36 semanas vale tanto como la vida de un recién nacido, de ahí que en casi todos los países que permiten el aborto libre se establece un límite de semanas. Aceptar este punto de partida nos lleva a preguntarnos por el momento en que el feto perdería su derecho a la vida. El problema es complejo, pues el límite temporal es discreto, mientras que el desarrollo de un feto es un proceso continuo. De ahí que cualquier límite que se establezca sea arbitrario. Más allá de esta arbitrariedad, que algunos consideren legítimo abortar antes de un determinado número de semanas implica un cambio en el valor de la vida de ese ser. Quienes no le otorgan mayor valor a la vida de un feto de pocas semanas no ven un problema mayor en abortarlo. Por el contrario, quienes valoran la vida del embrión tanto como la vida de un recién nacido consideran que ambos tienen equivalente derecho a la vida. Al menos conceptualmente, las razones que las personas acepten para abortar debieran ser las mismas que acepten para matar a otras personas. Si no aceptan ninguna, se opondrán al aborto, pero si aceptan algunas —como la eutanasia o el derecho a la defensa propia—, aceptarán que estas también se apliquen al feto, por ejemplo, en casos de inviabilidad fetal o cuando la vida de la madre está en peligro.

¿Cuál de estas posiciones tiene la razón? Al ser la valorización un acto subjetivo, sería un error pensar que unos están bien y los otros mal. Se podría argumentar que, al ser ambas posiciones válidas, la decisión debería recaer en cada persona y no que unos impongan sus creencias a otros. ¿Pero no es lógico que quienes consideren que matar a un feto equivale a un asesinato humano intenten impedirlo? Las personas que valoran la vida de un feto de 36 semanas tanto como la de un recién nacido ¿no harían lo mismo? ¿No buscan esto mismo quienes defienden los derechos de los animales? Es verdad que las tres causales para despenalizar el aborto son casos extremos, pero las preguntas aquí expuestas siguen siendo válidas para ellos.

Las diferencias que como sociedad tenemos en esta materia no son susceptibles de ser zanjadas a partir de la razón y, por ende, deben ser resueltas democráticamente. De ahí la importancia de que una mayoría contundente esté a favor del aborto en casos especiales.

Sylvia Eyzaguirre T.

Sylvia Eyzaguirre T.

Área de investigación: Educación, con énfasis en institucionalidad y formación docente; fenomenología y hermenéutica.

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