Diarios regionales
Opinión
Elecciones
Migración
Política
Sociedad

Aceitar la máquina institucional

Aceitar la máquina institucional

A lo largo de la historia hemos operado bajo la lógica del péndulo, donde cada nueva administración busca reordenar prioridades y marcar distancias con lo obrado anteriormente. Sin embargo, la eficacia del Estado depende de su capacidad de acumular experiencia más que de reiniciar procesos cada cuatro años.

Al cerrar este 2025 y con un cambio de mando a la vista, Chile se aproxima a una nueva etapa en su gestión migratoria. El desafío que recibe el próximo gobierno es grande, siendo una labor que, por naturaleza es exigente, cotidiana y técnica. El objetivo no es necesariamente partir de cero, sino sostener y perfeccionar una administración que requiere trayectoria para dar resultados.

A lo largo de la historia hemos operado bajo la lógica del péndulo, donde cada nueva administración busca reordenar prioridades y marcar distancias con lo obrado anteriormente. Sin embargo, la eficacia del Estado depende de su capacidad de acumular experiencia más que de reiniciar procesos cada cuatro años.

El impulso de hacer un borrón y cuenta nueva muchas veces dificulta consolidar equipos, entrenar funcionarios y perfeccionar sistemas. Por el contrario, aprovechar lo aprendido –tanto en errores como funcionamientos – permite que el aparato público gane robustez institucional, reduzca los costos de aprendizaje y evite la improvisación.

Una política migratoria sólida es, ante todo, una cuestión de capacidad administrativa. Más allá de los discursos o los énfasis legítimos de cada gestión, el control efectivo se juega en la calidad de los procesos: trazabilidad, verificar identidades, gestionar datos, fiscalizar con criterios claros y ejecutar decisiones a tiempo.

La gestión migratoria moderna se parece hoy más a un desafío de interoperabilidad y procesamiento de información que a una disputa ideológica. Por lo que se necesita que el Servicio Nacional de Migraciones, la PDI y Carabineros de Chile operen con directrices estables que permitan generar certezas tanto para el Estado como para las personas.

Cuando las reglas se mantienen y los sistemas conversan entre sí, se gana en seguridad y orden. Por el contrario, la interrupción constante de criterios resta trazabilidad, lo que dificulta desde la persecución del delito hasta la inserción laboral regular. Tareas complejas como el control fronterizo o las expulsiones administrativas dependen de coordinaciones logísticas y diplomáticas que toman tiempo madurar; alterar el rumbo a mitad de camino suele traducirse en pérdida de recursos y eficacia. La cooperación con países vecinos y el resguardo de la frontera se construyen mejor sobre reglas predecibles y canales estables de comunicación.

Finalmente, la realidad migratoria se demuestra también en la convivencia de los barrios. Si a nivel central se logra ordenar el registro, los permisos y las sanciones, se alivia la presión sobre los municipios y los servicios locales. Para el ciclo que comienza en 2026, el mayor acierto sería concentrarse en aceitar la máquina, asegurando transparencia en los tiempos, robustez en la identificación y una capacidad de ejecución real.

Si la nueva administración logra fortalecer estos engranajes, el debate público ganará en evidencia y el país en normalidad.  Feliz año nuevo y a descansar, que se viene un 2026 con harto trabajo.