El Mercurio, 16 de septiembre de 2012
Opinión

América Latina navegando en un mundo difícil

Vittorio Corbo.

La crisis europea ha estado acompañada de una desaceleración de los países avanzados, que impacta también a los países emergentes directa o indirectamente expuestos a Europa. Así, en los últimos dos trimestres, la desaceleración ha golpeado no sólo a Europa Central y del Este, sino que también a China, India y Brasil, entre otros.

Como es probable que el bajo crecimiento de los países avanzados dure un período prolongado -mientras Europa lleva a cabo las reformas necesarias para fortalecer la solvencia fiscal y alcanzar un crecimiento sostenible- y tampoco se pueden descartar nuevos shocks financieros y una mayor incertidumbre, lo pertinente es preguntarse cuán preparada está América Latina para navegar en este escenario.

En los últimos 20 años, un grupo importante de países de América Latina -especialmente Brasil, Chile, Colombia, Perú y México- ha reformado sus políticas e instituciones macro-financieras, lo que ha mejorado sus tasas de crecimiento potencial, ha disminuido la incidencia de crisis doméstica y, a la vez, ha mejorado su resiliencia a shocks externos.

Entre estas reformas destacan: (1) el abandono de sistemas cambiarios rígidos a favor de sistemas más flexibles, junto al uso metas de inflación flexibles administradas por bancos centrales autónomos; (2) la instauración de la disciplina fiscal, que tiene como beneficio la reducción de la razón deuda pública/PIB; (3) mejoras en la regulación y supervisión financiera, particularmente en su componente prudencial; (4) la acumulación de elevados niveles de reservas internacionales a PIB para autoasegurarse frente a problemas de falta de liquidez en moneda extranjera; y (5) la diversificación regional de las exportaciones.

En paralelo, estas economías han aumentado su integración al mundo en flujos comerciales y financieros. Estas reformas les han permitido a estos países alcanzar al mismo tiempo inflaciones anuales bajo el 5% y posiciones sólidas en sus cuentas corrientes de la balanza de pagos.

El crecimiento en la región se ha visto impulsado también por buenos términos de intercambio, básicamente por el alto crecimiento de China y de Asia emergente, beneficiando especialmente a Chile, Colombia y Argentina.

En cuanto a resiliencia a shocks , estos países han aumentado significativamente la capacidad de implementar políticas monetarias y fiscales contracíclicas, lo que quedó demostrado en la crisis del 2008. Así, como lo muestran Daude y Melguizo en un artículo reciente, en la crisis del 2009 Chile, Perú, Colombia y Brasil implementaron agresivas políticas contracíclicas para amortiguar los efectos del shock externo en sus economías. Entre este grupo destaca Chile, que introdujo un impulso fiscal de cinco puntos del PIB (medido por el deterioro del balance fiscal ajustado por el ciclo del producto y por precios de minerales).

Sin embargo, en todos estos países resultó más fácil implementar políticas contracíclicas expansivas el 2009, que contractivas en el 2011, cuando las economías comenzaron a mostrar señales de sobrecalentamiento. Así, en el 2011, con el producto por encima de su nivel potencial, el uso de políticas fiscales contracíclicas fue mucho más tenue, con impulsos fiscales contractivos inferiores a dos puntos del PIB en los cuatro países señalados arriba.

El peor caso fue Argentina, con una política fiscal muy procíclica, reflejada en un impulso fiscal de tres puntos del PIB en 2011. Similar es el caso de Venezuela y Ecuador, que han gastado las ganancias de términos de intercambio, aumentando incluso su endeudamiento o reduciendo sus activos. En estos países, el trabajo contracíclico recayó en el Banco Central, generando efectos no deseados, como una apreciación cambiaria o una excesiva acumulación de reservas.

En lo que se refiere al impacto de las turbulencias externas en las economías emergentes, un estudio reciente del FMI concluye que la flexibilidad cambiaria y la solidez de la posición externa (saldo en cuenta corriente a PIB y deuda externa a PIB) son fundamentales para aumentar la resiliencia frente a shocks financieros. Además, una mayor integración financiera mitiga la vulnerabilidad de un país a este tipo de shocks cuando va acompañada de un sistema cambiario flexible.

Como resultado, gracias a los cambios de políticas y responsabilidad macroeconómica implementados en la región, los costos en términos de PIB asociados a los shocks financieros mundiales han disminuido en los últimos 15 años, especialmente en los cinco países indicados más arriba.

En cuanto a perspectivas de crecimiento, dado el bajo crecimiento proyectado para los países avanzados por un período prolongado, las perspectivas económicas de América Latina dependen en gran medida del desempeño de Asia y, en particular, de China.

Si China logra mantener una tasa de crecimiento por encima del 7% anual y altas tasas de inversión por algunos años, los precios de los productos primarios no deberían verse muy afectados, aunque serían menos favorables que en años recientes.

En contraste, si al bajo crecimiento de los países avanzados se suma un crecimiento en China bajo el 6%, la región sufriría, especialmente Chile, producto de la baja en el precio de los minerales y la menor demanda por exportaciones. En efecto, de acuerdo con un estudio del FMI, una caída en el crecimiento de la inversión china de un punto porcentual, reduce el crecimiento en Chile en 0,4 puntos porcentuales.

No obstante, la región tiene aún tareas pendientes para facilitar más el ajuste a eventuales shocks externos. Lo más importante es introducir mayor flexibilidad en los mercados laborales. Ello permitirá que se reduzcan las horas trabajadas y se mantenga el empleo en caso de shocks adversos.

También hay espacio para mejorar la política fiscal, a través de la creación de fondos soberanos y de una implementación más clara y transparente de reglas fiscales institucionalizadas, las que reducen los problemas de economía política asociada a la administración de shocks positivos de términos de intercambio. Si al bajo crecimiento de los países avanzados se suma un crecimiento en China bajo el 6%, la región sufriría, especialmente Chile, producto de la baja en el precio de los minerales y la menor demanda por exportaciones».