Opinión | El Mostrador, 29 de febrero de 2016

Bergoeing: «Hemos estado en un país donde ministros de Hacienda muchas veces han tendido a gobernar y eso le hace mal a la política»

por Iván Weissman 

“Yo creo que los economistas hemos cumplido con un rol bien importante contribuyendo a que el país, desde la economía, avance. Pero también tengo una crítica de fondo al rol que hemos tenido los economistas, fundamentalmente porque creo que se desbalanceó el poder, porque terminamos siendo los que en definitiva toman la decisión final. Hemos estado en un país en el cual los ministros de Hacienda muchas veces han tendido incluso a gobernar, y yo creo que eso le hace mal a la política pública, sobre todo cuando el debate es más complejo como el actual”.


La anterior es la visión crítica de Raphael Bergoeing acerca del rol que han tenido los economistas en la construcción de las políticas públicas desde el retorno a la democracia.

El influyente economista del CEP habla con conocimiento de causa: fue Presidente del Metro y luego titular de la Sbif durante el Gobierno de Sebastian Piñera. Actualmente es parte de la comisión de productividad que formó la Presidenta Michelle Bachelet y ha sido asesor de organismos internacionales como el Banco Mundial y la OCDE.

En una extensa entrevista en 'La Mesa' de El Mostrador Mercados, Bergoeing manifiesta que el economista tiene que estar sentado a la mesa de la discusión política, “porque tiene una opinión muy importante, contribuye con incentivos, con costo de oportunidad, tratando de entender el impacto que va a tener una determinada política”, pero afirma que la política pública es mucho más que eso y requiere la participación de otros profesionales.

Agrega que en general –y no solo en Chile– los políticos “se salieron de ese debate y les entregaron a los economistas ese rol que asumió y terminó significando que al final del día seamos nosotros los que tomamos las decisiones y eso hace mucho más difícil pensar en la evolución de proyectos que son más complejos, pero que son relevantes para el largo plazo en el país”.

El debate que se viene

El investigador del Centro de Estudios Públicos (CEP) apunta que hasta ahora el debate económico en Chile ha sido aburrido. “Una de las grandes virtudes de la economía chilena es que ha sido capaz de mantenerse estable durante muchas décadas, y en cierta forma uno podría decir que la economía chilena es aburrida, la macroeconomía chilena por sobre todo es aburrida”, detalla. Dice que en Chile los economistas son “bastante tradicionalistas, tendemos a ser conservadores. Si tú agarras un ministro de Hacienda de la Concertación y hasta cierto punto también de la Nueva Mayoría, tal vez con la excepción de Alberto Arenas, tienden a ser personas que, desde un punto de vista conceptual, piensan bastante parecido, no importa de qué lado vengan”.

Explica que hay una concentración y un sesgo en una manera de hacer economía “que se refleja en una macroeconomía muy sana, muy estable y muy aburrida, lo que para la inversión es bueno, pero tal vez no es tan entretenido cuando uno quiere generar debate. Creo también que en Chile durante muchos años hubo una mirada bien monolítica, de eso no cabe ninguna duda y eso tal vez se explica en el contexto en que eso ocurrió, pero estas cosas han ido cambiando, la Concertación generó una transición, y hoy no solo Chile sino que el mundo está bastante más chascón, hay bastante más discusión respecto al rol de la economía, con respecto a cómo hacer política pública”.

Bergoeing dice que el debate que se acerca ahora, que es de productividad, “viene de la microeconomía y eso sí que no es aburrido, porque ahí hay movimiento, hay cambio, hay acción”.

-Obama decía que una sociedad se puede medir en cómo asigna sus recursos, y eso se puede ver no tan solo de lo económico sino que también desde lo político y lo filosófico, sobre cómo se gasta la plata y en qué.
-Más allá de la cosa ideológica que hubo en los 70 y 80, la verdad es que tuvimos una crisis económica que significó un incendio y obligó a que la persona que veía la contabilidad y las finanzas se hiciera cargo del problema para poder pagar a fin de mes las cuentas, ese es el rol del ministro de Hacienda. Pero hoy día ese rol debería asumirlo con mucha más fuerza el ministro de Economía, porque a mí me gustaría que nos bajáramos de la "macro" y nos subiéramos a la “micro”, y permitiéramos que el ministro de Economía tenga el mismo poder al menos que tiene el ministro de Hacienda.
El ministro de Hacienda hacia adelante tiene que ser un buen arquero, pero debería el ministerio de Economía, con los otros ministerios sectoriales, estar pensando cómo hacer goles, para que el país pueda seguir avanzando hacia el desarrollo económico. Ahí yo creo que hay un desafío importante de Chile y nos ha costado asumirlo.

-Ese debate, ¿está teniendo lugar dentro de los economistas? Tú estás en el CEP, que es un centro de estudios grande, pero en los demás centros o en las mismas universidades…
-Hay mucha más conciencia hoy día, creo yo, en que la economía no es una ciencia exacta y tiene que ver con el comportamiento de las personas, y las personas no son totalmente predecibles. En el fondo es física prediciendo el comportamiento de los átomos. Aquí hay libre albedrío y uno lo que hace es tratar de acotar las posibilidades. Y en ese mundo, muchas veces la economía no está en condiciones de dar respuestas ni siquiera razonablemente certeras y por eso se necesita la participación de otras disciplinas, que tengan una mirada más amplia que permita complementar esto. Yo creo que el país está avanzando en esa dirección, pero lo está haciendo el mundo completo, insisto.
Cuando tú miras el CEP, por ejemplo, 15 investigadores senior, más los ayudantes de investigación, de esos 15, 5 somos economistas y eso te da una idea. Hay abogados y también hay historiadores, hay periodistas y hay filósofos que están contribuyendo desde otro lugar, mirando problemas más amplios que no siempre pueden ser evaluados con las herramientas de costo y beneficio que tenemos los economistas, y aquí yo reivindico un poco el rol que han tenido presidentes como, por ejemplo, Ricardo Lagos, que de repente te dicen con una visión, razonable y con inteligencia, que quieren que el país vaya para allá. Y el rol del economista, como el rol de un ingeniero, es asegurarse de que cuando el país quiere ir para allá, esto se haga de la mejor manera posible, pero no es el economista ni tampoco el ingeniero solo quien tiene que decir para dónde tiene que ir el país, y eso solo se logra cuando tienes profesionales de distinto ámbito compartiendo la misma mesa.

El ajuste que se viene

-La Presidenta ya confirmó que habrá un ajuste fiscal debido al complejo panorama externo, pero en el corto plazo hay poco que se pueda hacer para que Chile crezca más de 1,5% o 2% en los próximos 2 años, ¿estás de acuerdo con eso? Y si fueras un ministro de Hacienda plenipotenciario, ¿qué cosas se pueden hacer en pos de la reactivación en el mediano y corto plazo?
-Lamentablemente, crecimos el 2014 un 1,9%, lo más probable es que el 2015 hayamos crecido un 2%, y este año, la mayoría –de un lado y de otro en el mundo de la economía–, está esperando un 1,5% y menos. Por tanto, vamos a tener 3 años creciendo bajo 2%, y eso no pasaba desde hace varias décadas. Es una situación complicada, y el escenario internacional, que no estaba tan complicado cuando en el 2014 crecimos 1,9%, hoy día sí parece estar bastante más complicado, pero yo tengo una opinión positiva del mediano y largo plazo. Creo que se ha exagerado un poco con lo que está pasando en China y en EE.UU., pero ese es el escenario, que es bastante complicado. El primer mensaje que quiero plantear es que lamentablemente en este escenario complicado, que ya está incluso jugado para parte importante de este 2016, lo más difícil, desde la perspectiva del ministro de Hacienda, ni siquiera va a ser el 2016, sino que va a ser el 2017, porque Chile tiene desde la política macroeconómica del Ministerio de Hacienda la herramienta de presupuesto estructural, que nos obliga a no gastar más de lo que creemos seremos capaces de financiar en el largo plazo. Es decir, nos obliga a ahorrar cuando pareciera que nos está yendo más bien de lo que nos va a ir después, y nos permite gastar más cuando las cosas externas están malas, pero creemos que van a mejorar en el largo plazo de manera tal de mantener el consumo suavizado en el tiempo. Esa herramienta de presupuesto estructural, cada año con un comité de expertos define las dos variables más importantes para tratar de predecir el futuro, que son cobre y crecimiento. Precio del cobre por los ingresos de Codelco, y crecimiento por la recaudación tributaria a través de impuesto IVA e impuesto al ingreso. Y el comité de expertos del año pasado fijó un precio del cobre en US$2,98 y un crecimiento sostenible a mediano plazo en 3,6%. Con esos números, el ministro de Hacienda espera dicho nivel de ingresos y eso le permite gastar. La verdad es que todos sabemos que en junio y julio probablemente el precio del cobre se va a ajustar y el presupuesto hacia adelante, consistente con la regla estructural de equilibrio fiscal que vamos a considerar, algo así como que cada centavo de cobre son como 50 o 60 millones de dólares para el Estado, mientras que el ingreso no va a crecer el 3,6% que se esperaba, este año debería crecer 1,5% o algo así, por tanto, tampoco vamos a tener tanta recaudación. El ministro se va a encontrar entonces en una línea con una situación muchísimo más apretada en junio o julio próximo, cuando empiece a construir el presupuesto que se tiene que aprobar en octubre, lo que le va a permitir gastar bastante menos en 2017, que lo que va a poder gastar este año que, a su vez, fue la mitad de lo que pudo gastar el año pasado. El gasto público debe haber construido en orden de un 1,2 puntos porcentuales en 2015. Si yo hubiese puesto eso en 0, dejando todo lo más constante, Chile habría crecido en orden de un 0,8%. Este año se espera que sea del orden de 0,6 y el próximo podría ser menos que eso. Esa situación es muy complicada y eso obliga al ministro a tener que hacer un ajuste, quiera o no quiera, en la medida de que mantenga el compromiso de respetar la regla estructural. Eso es un debate que se está dando en este momento, y eso se amarra con algo más cualitativo, que es que esta regla, al final del día, no está escrita en piedra, es un compromiso que nosotros tenemos con el resto del mundo –que demuestra que hacemos las cosas con seriedad en el largo plazo– pero uno puede perfectamente, en momentos excepcionales como ocurrió el 2009 y como ha ocurrido ahora, hacer algunos ajustes con más lentitud, y ese es un debate que está ocurriendo. Para cerrar todo esto, lo que han pedido algunos macroeconomistas es que el consejo asesor fiscal que existe hoy día, que es el que apoya al ministro en estas materias, se transforme en ley, de modo que quede de manera independiente de lo que es la política fiscal. Ese es el debate que hay hoy en día. -Pablo Correa, quien fuera asesor de Hacienda y que hoy es el economista jefe de Banco Santander, también argumentaba que esto del compromiso fiscal nunca ha sido realmente testeado. Es más bien una promesa, una promesa política, y argumentaba de que este iba a ser el primer test de verdad de cuán comprometido estaba el estado de Chile con eso. -Al final del día lo que tú estás haciendo es que les estás diciendo a los inversionistas de largo plazo, que son los que te importan, que se quedan 20 o 30 años, les estás diciendo que la política fiscal en América Latina ha terminado siendo muy disruptiva del equilibrio, muy desordenadora y Chile sigue una regla que permite con mayor facilidad predecir el largo plazo. De la parte monetaria ya contamos con un Banco Central autónomo, pero desde la parte fiscal, en Hacienda, también deberían decir que ‘nos vamos a comportar de manera similar en el tiempo, de forma tal que usted pueda manejar otras variables que son inciertas’, para que puedan arriesgarse a tomar decisiones de largo plazo. Hacer eso en Venezuela o en Argentina, donde todos los años la política cambia radicalmente, sería imposible, y eso dificulta la inversión de largo plazo. Esa es la apuesta que tú haces, pero también es cierto que cuando vives situaciones excepcionales, como ocurrió el 2009, el ministro siente la obligación de hacer un gasto mucho mayor y apartarse un poco de eso. -Y cuándo el ministro de Hacienda entra y dice que esto está realmente complicado y que los 22 mil millones de dólares que tenemos afuera están para gastarlos de repente… -No hay una ecuación… el gasto público del 2009 se expandió rápidamente a cerca de 16% después de que había crecido un 9% el 2007 y el 2008, antes de la crisis subprime. Básicamente, este es un problema cualitativo: tenemos un rango de números, pero uno no espera un número exacto sino que un comportamiento sistemático en el tiempo. Lo que está haciendo el ministro es que está dando las señales correctas para decirles a los inversionistas extranjeros que, incluso en un gobierno bastante más de izquierda que de centro, en el que hay muchos compromisos de política pública que requieren grandes cantidades de recursos, este país es capaz de mantener esa regla fiscal que algunos podrían haber adivinado que iba a ser dejada de lado, porque no son muchos los países que la tienen en el mundo. Pero, al mismo tiempo, el ministro también tiene la obligación de cumplir con el programa que la Presidenta democráticamente le ofreció al país y seguir cumpliendo con las obligaciones que el país tiene en esta materia, para seguir generando recursos para que el país siga avanzando, porque el país aún no es uno rico, está recién en la mitad del camino al desarrollo, y le queda la otra segunda mitad. Entonces, por eso también es tan importante la capacidad que tiene un ministro en generar confianzas. Este es un elemento de muchos, y el rol que este ministro tiene cuando habla con inversionistas extranjeros o cuando viaja es tan importante como la regla misma. Ahora, insisto, algunos macroeconomistas como Vittorio Corbo, por ejemplo, han pedido que se den señales mayores, transformando el consejo fiscal que hoy existe en una ley, dándole incluso más maniobra al ministro de Hacienda. Eso es algo que está en el debate y que tendrá que cerrarse en los próximos años. La Nueva Ley General de Bancos -Tú fuiste superintendente de Bancos, y parece que este año el Gobierno se va a ir con una nueva Ley General de Bancos, que también es parte de una nueva forma de cómo regular el sistema financiero en Chile. ¿Qué te parece? Porque tú la empezaste, pero no se envió durante el Gobierno de Piñera, y ahora la tomó este Gobierno y le ha hecho algunos cambios, ¿tienes fe de que va a llegar a ser ley? -Hace 10 años que se habla de mandar una nueva Ley General de Bancos, y nunca se hizo, se postergó porque la industria en general aparece bastante sana, se postergó porque no había crisis, se postergó porque había otras obligaciones y otros desafíos que eran bastante complejos. Hay que pensar que la ley viene fundamentalmente del año 86 y era una respuesta a la crisis de la deuda, y luego hubo un cambio en el 97 que fue importante, pero desde ahí a la fecha han pasado crisis asiática, crisis subprime, Basilea III, entonces nos hemos ido quedando atrás, y no tan solo con respecto al mundo desarrollado, porque Perú, Colombia y República Dominicana están avanzando hacia Basilea III, y cuando un país no tiene un compromiso de asumir o al menos adaptar, porque las realidades son distintas en cada país, lo que empieza a ocurrir es que el costo de financiamiento de la industria local frente al resto del mundo empieza a crecer, se hace más caro endeudarse, las tasas suben. Dos comentarios ante eso: yo presidí una comisión que invitó el ministro de Hacienda para hacer una propuesta de reforma el año pasado, y si se puede resumir en una línea, lo que hay que hacer es cambiarse de la ley a la norma. Chile el año 97 dejó en la Ley General de Bancos una serie de materias que con los años han ido modificándose, y cuando quieres cambiar una ley, tienes que ir al Congreso y eso toma tiempo y genera una discusión que a veces desordena el cuento. Lo que se pide hoy día en el mundo es sacar temas que están en la ley y llevarlo a la norma administrativa, de manera tal que la misma superintendencia, con más flexibilidad, puede ir ajustándose a la luz de los cambios en el mundo, porque la regulación bancaria está cambiando en todas partes y hay mucho por aprender. Ahora, si vas a llevar estas restricciones de la ley a la norma y le vas a dar más atribuciones a las Sbif, también tienes que asegurarte de fortalecer su gobierno corporativo que hoy día es unipersonal, por eso la propuesta es poner un consejo parecido al del Banco Central en el que se debatan estas cosas de manera colegiada, ahí tienes dos ejemplos de lo que debería incorporar una nueva Ley General de Bancos. Tuitero influyente -Fuiste elegido el segundo tuitero más influyente en temas económicos, ¿lo usas como una herramienta de entretención o lo usas para trabajar, compartir o informar cosas? -Es un poquito de todo. Yo hago clases en la Universidad de Chile desde el año 88, así que he dedicado prácticamente toda mi vida profesional a la cosa académica, con énfasis en la docencia, y Twitter es una buena herramienta para socializar ideas, trabajos académicos, cuadros, gráficos. Estos 140 caracteres se pueden representar a través de una figura, y a veces esa figura te dice más y te deja pensando. Y el humor trato de que tenga que ver con economía también, y trato además de reírme de mí o de mi profesión, porque nos han pegado duro a los economistas desde el 2008, aunque venía de antes, pero sobre todo desde el 2008, y uno es capaz de encontrar humor que hace bien y permite también poner puntos sobre la mesa para reflexionar respecto al rol que tiene la economía y cuáles son los desafíos que vienen hacia adelante.

Raphael Bergoeing Vela

Raphael Bergoeing Vela

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