Estudios Públicos | N° 126, 2012

Breve historia del humo de leña y sus implicaciones para Chile

Cuando viven cerca de bosques, los seres humanos siempre han usado la madera como combustible. Hoy en día, el empleo de la madera en todo el mundo depende en gran medida de su disponibilidad y tiene poco que ver con el consumo per cápita en todos los ingresos nacionales, aunque representa un pequeño porcentaje del consumo total de energía en países más ricos a medida que otras fuentes de energía adquieren predominancia. En los países pobres, la madera se utiliza en forma intensiva para cocinar, pero más que nada para calefaccionar espacios interiores, y como combustible en pequeñas industrias conforme aumentan los ingresos. Sin embargo, en los sencillos artefactos domésticos que se emplean ya sea para cocinar o para calefaccionar el hogar, la combustión de la leña genera un alto grado de contaminación ambiental que, en forma de partículas finas o de muchos otros componentes tóxicos, resulta nociva para la salud. En Chile y en otros países de zonas templadas de ambos hemisferios donde la madera se usa para calefaccionar un alto porcentaje de los hogares durante el invierno, la contaminación externa puede alcanzar niveles que producen graves impactos en la salud, de lo cual existe una creciente conciencia. Por ejemplo, en algunas ciudades chilenas, sobre todo en aquellas situadas en el sur del país, las cardiopatías pueden aumentar hasta en un 50% como consecuencia de la contaminación del aire. Por tanto, es de esperar que la introducción en Chile de combustibles de combustión más limpia, como el gas, o de estufas a leña con una alta eficiencia de combustión, redunde en importantes beneficios para la salud dentro de algunos años, cuando se logre implementar programas destinados a masificar su uso.

Ajay Pillarisetti

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Kirk Smith

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