Tohá debiera presentar un proyecto convincente y viable. Uno que se distancie tanto de la nueva izquierda —particularista, estatista e iliberal— como de la Concertación, derrotada, en su hora, por no haber sabido canalizar las nuevas ansiedades y aspiraciones sociales.
La situación de Carolina Tohá expresa con nitidez su posición frágil dentro de la izquierda chilena. Aunque en las encuestas ha superado a Johannes Kaiser en menciones espontáneas como figura presidencial, sigue lejos de las dos candidaturas más competitivas: Evelyn Matthei y José Antonio Kast. Mientras su apoyo se estanca, la precandidata comunista Jeannette Jara ha repuntado en las últimas semanas, amenazando de forma real sus opciones.
El mayor problema de Tohá ha sido su incapacidad para articular un proyecto político que la distinga de las dos izquierdas que han convivido —y reñido— en la política chilena durante las últimas dos décadas.
Simbólicamente, Tohá sigue asociada a la Concertación, la tercera vía y la tecnocracia. Más allá de cómo uno evalúe esas etiquetas, en una primaria de izquierda representan más un lastre que un activo. Ese “pasivo simbólico” explica la demora y dificultad con que el Partido Socialista (PS) la proclamó como su abanderada. Tohá enfrenta resistencias dentro de esta tienda precisamente por encarnar a la élite concertacionista. Su militancia en un partido sin trayectoria histórica —el “partido instrumental”— y su cercanía con Ricardo Lagos refuerzan las sospechas entre quienes habrían preferido a Michelle Bachelet como candidata.
Más a la izquierda, las precandidaturas frenteamplista y comunista compiten contra ella el liderazgo del sector. Y lo hacen precisamente explotando ese pasivo. Esta semana, Gonzalo Winter calificó el discurso de campaña de Tohá como “nostalgia de los años noventa”, mientras que Jeannette Jara acusó una “restauración concertacionista” basada en “recetas antiguas”.
Tohá sabe que no logrará convencer a ese electorado. Su apuesta es ampliar el alcance de su candidatura e interpelar a la centroizquierda y al centro —que votó por Boric más por resignación que por convicción— para que participe en la primaria del 29 de junio. “Si vota poca gente, hay más riesgo de que no ganemos”, advirtió esta semana.
Pero esa estrategia enfrenta tres obstáculos. El primero, su rol como exministra de Interior del gobierno de Boric. ¿Cómo movilizar a una masa amplia de electores habiendo ejercido ese cargo? Segundo, la movilización de los no alineados depende del despliegue del aparato del PS. No es claro que esa máquina se mueva con toda su fuerza. Y tercero, necesita generar no solo respeto y admiración, sino también conexión e identificación. Por ahora, hay mucho de lo primero, pero poco de lo segundo.
Para superar estos déficits, Tohá debiera presentar un proyecto convincente y viable. Uno que se distancie tanto de la nueva izquierda —particularista, estatista e iliberal— como de la Concertación, derrotada, en su hora, por no haber sabido canalizar las nuevas ansiedades y aspiraciones sociales. Hasta ahora, Tohá no ha mostrado la sangre fría para expresar ese proyecto. Su candidatura permanece atrapada entre dos izquierdas que necesita superar. Quedan tres semanas para saber si lo logrará.


