Opinión La Tercera, 25/8/2009

El enfoque está en el aprendizaje

Inger Enkvist |

Se espera que el docente despierte en el alumno un interés por el aprendizaje, más que exigir un esfuerzo de su parte. Con esa pedagogía, dominante en los países occidentales, los resultados han empezado a bajar y los casos de conducta irrespetuosa a aumentar.

Durante 30 ó 40 años, la voluntad de democratizar la educación ha sido una de las ideas principales de los países occidentales. El método elegido ha sido el de pedir al docente que se acerque al alumno y que sea capaz de crear un interés en él por el aprendizaje, más que en exigir un esfuerzo por parte del estudiante. Las actividades se organizan tomando en cuenta la voluntad y el interés del alumno particular.

Suecia es uno de los países que han adoptado esta pedagogía. Los alumnos tienen más derechos y menos obligaciones, y se ven como evaluadores del sistema de educación, en vez de personas que van a ser evaluadas por otros. Ya que hay menos exámenes que antes, los estudiantes pueden mantenerse dentro del sistema de educación a pesar de no hacer esfuerzos. Se podría decir que no son estudiantes, porque apenas estudian; están matriculados, lo cual es otra cosa.

Sin embargo, junto con la introducción de la nueva pedagogía, dominante en los países occidentales, los resultados han empezado a bajar y, además, son cada vez más los casos de conducta irrespetuosa dentro de los establecimientos educativos. En esa discusión, cualquiera que diga que antes las cosas eran mejores, se ve automáticamente calificado de retrógrado, porque los nuevos pedagogos afirman que su orientación es correcta, pero que la culpa de los problemas la tienen los cambios ocurridos en la sociedad.

Finlandia se convirtió, en 2003, en gran noticia en el mundo de la educación, porque en el informe Pisa, resultó ser la nación más exitosa, ubicándose en la cumbre con países bien posicionados en educación, como Singapur, Corea del Sur y Taiwán. En el informe siguiente, Finlandia seguía siendo el número uno y había mejorado aun más sus resultados. Suecia se encontraba entre los números 15 y 17. Es importante subrayar que Suecia está bajando lentamente y Finlandia está subiendo.

Para entender cabalmente el significado de la comparación hay que decir que en 1970, antes de que comenzaran las analogías internacionales sistemáticas, Suecia estaba por encima de Finlandia en cualquier tipo de estudio.

Los finlandeses atribuyen sus buenos resultados a los siguientes factores: maestros y profesores con buena preparación académica; madres con un alto nivel de educación que ayudan a sus hijos con las tareas; familias que apoyan a los docentes; un sistema escolar con metas claras; inversión del Estado en la educación, y grupos de aprendizaje no muy numerosos. Se podría añadir que Finlandia no ha introducido la nueva y problemática pedagogía de enfocarse en el alumno.

Después de cuatro décadas con la nueva pedagogía, el público sueco ha reaccionado. Ahora las reformas educativas ocupan un lugar destacado en la agenda política y este año se van a votar varias leyes de gran alcance. Así, habrá una reforma del Bachillerato unificado que aumentará las exigencias para entrar y para graduarse; una reforma de la formación docente que incrementará las exigencias en las materias que va a enseñar el profesor; se introduce una certificación para los docentes que especifica para qué materias y para qué edades se ha preparado, y una ley sobre los derechos, pero también los deberes, de los diferentes actores de la educación.

Suecia está rectificando su apuesta por la nueva pedagogía, a la vez que Finlandia está gozando de un enorme prestigio por no haberla introducido. Desde Suecia, sólo cabe felicitar al país vecino por su sentido común.

(La autora expuso estas ideas en Chile en una reciente presentación en el Centro de Estudios Públicos).

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