Opinión El Mercurio, 21 de enero de 2013

¿Gana lo mismo un Alonso que un Alonqueo?

Sergio Urzúa |

El conflicto indígena es un fenómeno complejo. Los actos de violencia son absolutamente repudiables y si bien será imposible generar consenso en torno a la estrategia óptima para erradicarlos -si es que existe-, sí sabemos que urge actuar rápida y decididamente. La historia nos ha demostrado que la violencia llama a violencia, por lo que hay que terminar con ella lo antes posible.

Pero en estas líneas quiero contribuir con una discusión ausente en lo mucho que se ha escrito sobre el tema. ¿Existe evidencia de discriminación hacia los pueblos originarios en Chile? Con esto no quiero simplificar los elementos tras el conflicto actual, pero sí plantear factores que pueden amplificarlo y que deben ser considerados al momento de discutir soluciones de largo plazo. Veamos qué dicen los datos.

De acuerdo a la Casen 2011, cerca del 8 por ciento de la población declara pertenecer o descender de alguno de los pueblos originarios reconocidos en la ley, siendo los mapuches el más numeroso. Al analizar los ingresos autónomos de los mayores de 18 años en estos grupos se observa que en promedio estos perciben 305 mil pesos mensuales versus los 460 mil de quienes declararon no pertenecer o descender de una etnia. Muchos factores pueden explicar esta significativa brecha, siendo la educación uno prominente. En efecto, las diferencias en los años de escolaridad entre ambas poblaciones alcanza los 1,4 años (el promedio para Chile es de 10,5 años). Pero incluso luego de controlar por esto, y muchos otros factores, las brechas en ingresos se mantienen, superando generalmente los 40 mil pesos mensuales. Resultados similares se observan al utilizar distintos tipos de ingresos y, lo que es más preocupante, incluso entre los jóvenes.

¿Qué puede explicar la aparente discriminación? ¿Infieren los empleadores a partir del nombre, apellido o apariencia factores que afectan la productividad del trabajador? ¿Emergen estos factores tempranamente, mucho antes de concluir la educación formal? Las datos sugieren que algo de esto puede ocurrir. De hecho, los resultados del Simce muestran que aquellos estudiantes con padres pertenecientes a pueblos originarios tienen ya en cuarto básico en promedio 12 y 18 puntos menos en las pruebas de lenguaje y matemáticas, respectivamente.

Estos elementos deben ser considerados al momento de discutir políticas de largo plazo que mejoren la calidad de vida e integración de nuestros pueblos originarios. Y si bien es imposible poder concluir que las diferencias en salarios son señales inequívocas de discriminación por preferencias -te penalizo pues simplemente no me gustas-, es evidente que la liviandad con que el chileno hace comentarios despectivos respecto del origen, preferencias sexuales o apariencia física hace imposible descartar que este sea el caso. Por eso lo que para algunos son simples bromas alusivas a detalles dignos de ser advertidos, termina siendo un reflejo de nuestro poco tolerante subdesarrollo.

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