Opinión El Mercurio, 21 de julio de 2012

La mitad olvidada

Sergio Urzúa |

La mitad de los jóvenes de entre 18 y 25 años en nuestro país no ha tenido ningún contacto con el sistema de educación superior. Para ellos, el proceso educativo concluyó en el liceo (y para algunos, antes). Observan a la distancia un debate ajeno, plagado por eslóganes que hablan de gratuidad y becas universitarias. Representan la otra mitad, la olvidada.

¿En qué están estos jóvenes? Los datos de la encuesta Casen 2009 son ilustrativos. Aun cuando no se encuentran estudiando, sólo la mitad declara tener un empleo, y 419 mil declaran no estar buscando trabajo. En la literatura, este último grupo se conoce como los "ninies", pues ni estudia ni trabaja. Así, en Chile casi uno de cada cinco jóvenes pertenece a este grupo, siendo además la gran mayoría mujeres: siete de cada 10.

La evidencia sugiere que si bien el problema es complejo, es posible identificar al menos dos elementos que contribuyen a la proliferación y perpetuación de este grupo. Una legislación laboral anacrónica, alejada de las necesidades de un mercado laboral moderno, es un primer factor. Ella impide la inserción laboral y pone trabas a la empleabilidad. Nuestro Código del Trabajo es un buen ejemplo: parece más una camisa de fuerza que un traje hecho a la medida de las necesidades actuales.

La desconexión entre el sistema educacional y el mercado laboral es el segundo factor. Al egresar del liceo, el estudiante chileno debe conocer fechas y saber resolver ecuaciones, pero nunca se lo instruyó en las habilidades blandas que el mercado laboral moderno valora, como la autodisciplina, las capacidades de comunicación y de interacción, y el sentido de responsabilidad. Los altos niveles de analfabetismo funcional entre los jóvenes y la postergada educación técnica secundaria tampoco ayudan.

Las lecciones para desarrollar iniciativas por el Estado son evidentes. Deben generarse puentes entre las políticas educacionales y laborales. Revisar la institucionalidad laboral es también prioritario. En este contexto, el gigantesco e ineficiente sistema de capacitación al alero estatal está a la espera de ser reformado, creando las instancias para que quienes están fuera del mercado laboral se integren.

Lo anterior no implica desconocer lo realizado. De hecho, el Estado transfiere en promedio 4.794 pesos mensuales a los "ninies", casi 30 por ciento superior a la transferencia promedio a jóvenes (¿quizás sea esto parte del problema?). Pero en un escenario en que como nunca antes se ha brindado tanta atención a lo que ocurre con nuestros jóvenes, deberíamos equilibrar la balanza. Una mirada integral a este grupo requiere dar mayor atención a quienes han tenido menores privilegios. Esto tiene implicancias directas en la batalla contra la pobreza. En un mercado laboral en que la experiencia puede reemplazar la mala formación educacional, la situación de la mitad olvidada requiere urgente atención.

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