Opinión El Mercurio, 5/5/2009

¿Más salas cuna, o extensión del posnatal?

Francisca Dussaillant L. |

"...En general se ha visto que la ocupación materna muy intensa y las largas horas pasadas en salas cuna tienen efectos nocivos tanto en los niños como en sus madres...".

La encuesta Barómetro Mujer y Trabajo 2008 establece que una de las razones por las que las mujeres inactivas no trabajan es que no están dispuestas a dejar a sus hijos al cuidado de otra persona (63%). La creencia de que los niños están siempre mejor con su madre es muy extendida: el 62% de las mujeres con niños a su cuidado reporta que piensan que su hijo está mejor con ellas que con cualquier otra persona, proporción que aumenta a un 72% en el estrato socioeconómico bajo. De hecho, sólo el 5% de estas encuestadas declara que si trabajara y pudiera pagarlo, le gustaría dejar a su hijo en una sala cuna o jardín de calidad que se ajustara a sus necesidades (cerca de la casa, horario compatible).

Las percepciones de estas mujeres no son erradas. Existe mucha evidencia internacional que ha evaluado los efectos de la ocupación de la madre en el primer año de vida de los niños, y también se ha evaluado los efectos de enviar a estos niños pequeños a alguna institución de cuidado. En general se ha visto que la ocupación materna muy intensa y las largas horas pasadas en salas cuna tienen efectos nocivos tanto en los niños como en sus madres que, en muchos casos, son independientes de la calidad de estos centros.

Estos incluyen ansiedad en los niños, mayor incidencia de enfermedades, depresión materna, dificultades en la relación parental con el niño, infantes más agresivos. Aunque algunos de estos efectos son de corto plazo, se ha visto que a veces perduran y se traducen en peores hábitos de trabajo y menor competencia social ya bien entrada la educación básica. La mayor parte de estos efectos son de intensidad baja. En este sentido, son muy pocos los que se atreven a hacer recomendaciones particulares a los padres que se encuentran en alguna disyuntiva laboral de no enviar a sus hijos a salas cuna. Sin embargo, "pequeños" efectos negativos en una población completa de niños puede generar un problema social mayor.

Por esta razón, desde el punto de vista de la política pública no es necesariamente recomendable hacer programas extendidos que induzcan a grandes porciones de la población a enviar a sus hijos a salas cuna, sobre todo a edades muy tempranas. A partir de los tres años, la evidencia parece ser sólida respecto del papel que puede jugar la atención preescolar como igualadora de oportunidades.

Como resultado de esta evidencia, Inglaterra decidió que en vez de ampliar su programa nacional de salas cuna, iba a implementar un posnatal pagado de 39 semanas. Con ello se ha sumado a la práctica de otros países europeos que tienen una larga tradición de apoyo a la maternidad y, en general, entregan permisos maternales pagados de entre seis meses y un año, y a veces incluso de mayor duración. Esto se ha traducido en una mayor participación femenina en el mercado del trabajo, ya que las mujeres se sienten más acogidas en un sistema en que pueden compatibilizar trabajo y maternidad.

La evidencia muestra fehacientemente que la visión pesimista que asegura que los posnatales más largos disminuyen el empleo femenino es errónea. La mayor parte de los estudios que han analizado alguna reforma que alargue estos permisos encuentra efectos positivos en el empleo de hasta 8% para las mujeres en edad fértil (y 4% para la población total). Otros estudios han encontrado cifras menos optimistas o no han hallado efectos, pero en general no se reportan efectos negativos en la literatura.

En Chile, la política pública al respecto debe revisarse. El Chile Crece Contigo piensa entregar el servicio gratuito de salas cuna a niños desde las 12 semanas de edad, para lo que está invirtiendo una gran cantidad de recursos públicos. Por otro lado, las iniciativas de alargar o flexibilizar el posnatal duermen en el Congreso sin que nadie se acuerde de ellas. El costo de alargar el posnatal a seis meses en nuestro país no parece particularmente elevado si consideramos los dineros que están siendo utilizados hoy para financiar la enorme cantidad de licencias por enfermedad grave del hijo menor de un año. Se pueden diseñar fórmulas que desincentiven el mal uso de estas licencias, y los dineros que se ahorrarían por ese concepto aportarían a financiar un programa que beneficiará a una enorme cantidad de mujeres y niños chilenos. Además, si los programas de sala cuna ofrecidos por el gobierno parten a edades más tardías, habría ahorros públicos adicionales.

Existe un argumento que sostiene que tal reforma irá en perjuicio de las propias mujeres, debido a que caerá la demanda de trabajo de mujeres en edad fértil. Sin embargo, ello no es evidente. El principal costo esperado para el empleador de contratar mujeres en edad fértil parece ser el pago de la sala cuna si se tienen más de 19 mujeres contratadas. Esta política reduce esos costos. Además, se torna más predecible el comportamiento de las trabajadoras frente a un embarazo al reducirse el uso de la licencia por enfermedad grave del hijo menor de un año y hacerse menos probable un potencial abuso del fuero maternal. No hay que descartar, entonces, que un aumento del posnatal podría resultar en un aumento de la demanda laboral femenina antes que en una caída de ella.

Por último, es importante señalar que esta política debería beneficiar a todas las mujeres que no tienen cómo cuidar a sus hijos recién nacidos. Eso incluye a las mujeres que trabajan de manera informal y a aquellas que estudian y no sólo, como ocurre en la actualidad, a las que tienen sus cotizaciones al día.

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