Opinión El Mercurio, 17 de febrero de 2013

Políticas públicas «made in Chile»

Sergio Urzúa |

Lo invito a adivinar quién propuso esta semana el siguiente paquete de medidas económicas y sociales: Mayor acceso a educación preescolar de calidad; más liceos técnicos que entreguen mejores competencias laborales; una política de financiamiento para la educación superior focalizada y con incentivos para que las universidades reduzcan los altos costos de matrícula; invertir en la infraestructura del país para impulsar su crecimiento; asegurar la creación de empleos a través de la innovación; incentivar la conexión entre centros de investigación y las empresas; aumentar el salario mínimo para asegurar que todo trabajador perciba al menos un monto que le permita subsistir sin inconvenientes, y, finalmente, revisar el sistema tributario para promover una distribución de ingresos más equitativa y que sostenga el sistema de protección social vía mayor recaudación.

¿Qué candidato habrá sido? Frío, frío. Si bien todos los temas están en el debate público nacional, las propuestas no fueron realizadas pensando en Chile. Ellas corresponden al programa económico que el Presidente Obama presentó esta semana en su discurso del Estado de la Nación -la versión gringa del discurso del 21 de mayo-.

La verdad es que sorprende la similitud del paquete de propuestas de Obama con la discusión de políticas públicas en Chile. ¿Tan bien andamos que incluso compartimos los problemas que enfrenta la primera economía del planeta? Nos ha ido bien, no hay duda. Chile crece y se consolida, pero aún necesita binoculares para observar el nivel de desarrollo de EE.UU. Solo en términos de ingreso per cápita, ese país nos triplica.

Alguien podrá pensar que las similitudes se deben a la importancia que ha cobrado la desigualdad en la sociedad estadounidense -un tema del cual sí sabemos-, pero el problema allá y acá tiene causas y naturalezas distintas. Y si bien ambos países reportan tasas de pobreza en torno al 15%, esto más bien sugiere problemas en el cómo la medimos. Realmente, dudo que Chile comparta los problemas de Estados Unidos.

¿No será, entonces, que al estar hoy más conectados con el mundo, caemos en la inconsciente y natural tentación de hacer nuestras las problemáticas y propuestas de los desarrollados? Al final del día, si hay que copiar a alguien es preferible copiar a los países ricos, pues mejor ni enterarse de los problemas del África subsahariana.

Debemos aprender de lo que ocurre fuera de nuestras fronteras, pero Chile es un país de ingreso medio que se esfuerza para alcanzar los niveles de vida propios de los desarrollados, e impulsar agendas del primer mundo puede ser incluso contraproducente. ¿Para qué tener casa en la playa sin poder siquiera amoblarla? Nuestras políticas públicas deben ser pensadas en nuestra realidad, deben ser made in Chile.

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