Estudios Públicos Nº 10, 1983.

Reflexiones sobre ética y mercado

Arturo Fontaine T. |

El intelectual cree en la libertad y en la coexistencia pacífica de los pueblos. El intelectual ataca el mercado libre. Es el primero en sufrir las consecuencias de la planificación central y de las guerras, pero no puede aceptar el “materialismo”, el “consumismo”, la “charrería” del mercado. Se ofende de que un boxeador o una striptisera puedan ganar más que un biólogo o un historiador. No puede aceptar el “economicismo” que sopesa costos y beneficios de acuerdo a una mentalidad “cuantitativa” y “calculadora”, que ignora la dimensión “cualitativa” de la vida humana. No puede aceptar la moralidad de un sistema que haría de vicios individuales —el egoísmo y el espíritu de lucro— virtudes públicas: un alto nivel de vida para la población. A veces desconfía de un esquema que ve surgir de la Reforma y el Calvinismo: advierte que es ajeno a los valores hispánicos y precolombinos. Y peor —dicen algunos—, es un eslabón más en ese proceso de desintegración paulatina que es la Modernidad iniciada por Descartes.

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