En este comentario al Discurso Fúnebre de Pericles el autor afirma que el régimen político que allí se elogia era una democracia basada, más que en consensos de ideas y argumentos, en una virtud colectiva: la liberalidad. El autor explora este concepto y su vinculación con la amistad cívica y el amor a la ciudad, lo cual, a su vez, despende del arte.

