Estudios Públicos Nº 15, 1984.

Notas sobre las ideas políticas y jurídicas de Jacques Maritain

Gonzalo Ibáñez |

Maritain constituye sin duda el representante más conspicuo del grupo de pensadores cristianos que, en los últimos dos siglos, han tratado de acercar las ideas llamadas "modernas" (las de Hobbes, Locke, Rousseau, Kant y otros) y aquellas que constituyen el marco natural en el que armoniosamente se inserta el mensaje cristiano; en especial, las ideas de Santo Tomás de Aquino.
Lo propio de esa "modernidad" lo constituye la exaltación del hombre, de la persona hasta hacer de ella un centro absoluto, un fin para sí misma. De ahí que se la considere provista de una serie de atributos, de poderes y libertades para hacer o exigir todo aquello que estime conveniente para obtener los fines que cada una, libremente, se ha fijado. Es la versión moderna del término derecho. La organización social, en esta hipótesis, es vista como un marco para que cada uno obtenga la satisfacción de sus intereses más preciados. Ella no supone una estructura básica, natural, de validez extravoluntaria. Todo en la sociedad, su constitución y sus normas, es fruto de un pacto social cuyo contenido queda entregado a la voluntad de los asociados.
Maritain, que inicialmente atacó y con dureza estas ideas, cambia de manera sustantiva. Poco a poco se va emparentando con ellas, configurando una doctrina que él y sus seguidores llamarán "personalismo". Las dificultades a que ésta se enfrenta son similares a las que encontraron en su camino los autores antes mencionados. ¿Cómo compaginar personas consideradas cada una de ellas como un centro absoluto? ¿Qué razón invocar para exigir acatamiento a un orden jurídico si una persona es capaz, por su poder, de conseguir lo que ella desea al margen o en contra de ese orden? Si la sociedad es un marco para que cada uno pueda servirse de ella en vista de sus intereses, ¿qué razón invocar para mover a una persona individual a sacrificios en pro del bien común?
¿Cómo compaginar las libertades individuales? ¿Qué razón dar para limitar los derechos de uno en beneficio de los del otro? etc. ... Tal como en el caso de esos autores, Maritain deja las dificultades sin solución. Es que no tiene solución: dos o más centros absolutos no pueden naturalmente convivir. Es inevitable entonces que un sistema dado de organización social sea siempre visto como un instrumento de dominio de los poderosos de turno. Es que, en la hipótesis en la que se plantea el personalismo, el real criterio para determinar el margen de libertad y el contenido de los derechos de alguien, es la fuerza de que cada uno pueda disponer. Dada esa hipótesis el único que acierta en las consecuencias es Marx.
El personalismo es una nueva cara del antropocentrismo y, como las anteriores, marcada también por similares rasgos de demagogia e irresponsabilidad.

75.527 SEGUIDORES SÍGUENOS
24.707 SEGUIDORES SÍGUENOS
14.666 SEGUIDORES SÍGUENOS
12.634 SUSCRIPTORES SÍGUENOS
4.057 SEGUIDORES SÍGUENOS