Estudios Públicos Nº 18, 1985.

El futuro que fue

Robert Hughes |

¿Cuál es el saldo de la actividad artística de los años 70? ¿Cuál fue su aporte y cuál su deuda? ¿En qué medida esa década terminó por cerrar —como lo cree el autor del siguiente ensayo— un largo capítulo de la historia del arte que se inició antes que el presente siglo?

Hay numerosos dilemas, conjeturas, ironías y desmistificaciones envueltas en el planteamiento de Robert Hughes. Su diagnóstico señala que se han desplomado diversas utopías que animaron al arte de los últimos cien años a fuerza de radicalizadas negaciones y destituciones. El ciclo cumplido fue frenético y, a su juicio, terminó poniendo en duda tanto las nociones de vanguardia como la presunta vocación profética de los artistas, entre otros conceptos fundamentales.

Sucesivamente desacralizado por la burguesía, arrastrado a espacios límites por el experimentalismo y la desesperación de los propios artistas, profanado por la voracidad del mercado, ¿qué es lo que subsiste del arte de este tiempo? ¿Cuáles son sus energías, estando aparentemente concluida la odisea del modernismo?
Las respuestas de Hughes son controvertidas, pero tienen una lucidez envidiable.