Estudios Públicos Nº 20, 1985.

Partido Comunista y sindicalismo politizado

Andrés Benavente |

El presente trabajo intenta mostrar las vinculaciones estrechas entre la acción del Partido Comunista y la presencia de un sindicalismo politizado. Se parte analizando la concepción que este partido tiene de los sindicatos, los que usa más bien como herramientas en función de objetivos políticos, que como medios para alcanzar un bienestar real de los trabajadores. Más adelante se ve cómo la acción de los partidos de izquierda, donde se encuentra el comunista, termina por dominar, ya en la década del 30, al movimiento sindical desvirtuando sus fines propios, posibilitando la formación de grandes cúpulas sindicales que actúan más bien como departamentos partidarios. Ello tiene su punto más culminante con la formación de la CUT (Central Única de Trabajadores) cuya declaración de principios, que data de 1953, en vez de hablar del trabajador como eje de la acción sindical, inserta ésta dentro de un esquema de lucha de clases, usando al efecto un marcado lenguaje marxista.

Se analiza también un fenómeno curioso: el Partido Comunista sobrevive con éxito a la ilegalidad que le significa la dictación de la Ley de Defensa de la Democracia (1948-1958) en virtud de que pudo rearticularse gracias a su control sobre las cúpulas sindicales y a partir de allí reproducirse después como partido. De suerte que la experiencia parece indicar que no bastan las simples proscripciones si ellas no van acompañadas de otras medidas laterales.

Termina el trabajo con una reflexión sobre el cuestionamiento que el Partido Comunista hace del Plan Laboral, y se concluye que más que una oposición a sus disposiciones concretas, lo que molesta al comunismo es la existencia de una legislación en materia laboral que pone el acento en la libertad personal, en la soberanía del trabajador. El Plan Laboral significó la emancipación del trabajador de las directrices partidistas y los comunistas, cual partidarios de la esclavitud, aspiran a volver a esa inhumana subordinación del individuo trabajador respecto de un partido totalitario.