Estudios Públicos Nº 20, 1985.

Sistemas económicos y doctrina social de la Iglesia

Cristianismo | Mario Zañartu (s.j.) |

Existe una polémica de base ética en torno al actuar económico. El problema es fundamentalmente un problema de conflicto entre fines inferiores y superiores. Los teólogos morales sitúan la "bondad" o "maldad" de acciones o actitudes en su contribución al bien buscado a la larga y en su conjunto. La Doctrina Social de la Iglesia resume la experiencia histórica comunitaria de los efectos que sobre el bien a la larga y en su conjunto producen acciones políticas y sistemas económicos. Esta valoración ética no puede prescindir de los aportes de la ciencia económica. El error ético fundamentalista es la omisión de la mediación científica. En el caso del cristiano, no se trata de hacer "buenas" obras para validar su fe. El papel de la fe es quitar el impedimento que a ellas se opone. El "acontecimiento" de Jesús de Nazareth es normativo para los creyentes cristianos, como lo son el Dios revelado en El, y la comunidad por El establecida. El eje del "buen" actuar está expresado en su "nuevo" mandamiento: "ama al prójimo como a ti mismo". El leit motif de la enseñanza social de la Iglesia es la dignidad de la persona humana. Su principal documento es el capítulo III de la Constitución Pastoral Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II. Este leit motif se encuentra también desarrollado en diversas Encíclicas de los papas, en el Magisterio Latinoamericano (Documento de Medellín y de Puebla), en el Magisterio de la Conferencia Episcopal Chilena para Chile, en el Magisterio Diocesano de Santiago, para Santiago. También aportan a la Doctrina Social de la Iglesia los teólogos que interpretan los "signos de los tiempos" latinoamericanos a la luz del Evangelio. A la luz de todo lo anterior se pueden discernir con más realismo las "productividades" y "contraproductividades" que conducen a la evaluación ética cristiana del actuar y de los sistemas económicos. Hay dificultades para la evaluación ética de los sistemas económicos, pero no son insuperables. Hay que comenzar por establecer las bases de comparación, comunes a los diversos sistemas. Una base definitoria es el sujeto de la propiedad de los medios de producción. Otra es el sujeto de la decisión de asignación de recursos. Otra, ligada a las anteriores, son los mecanismos de motivación de los actores económicos. Los sistemas polares alternativos son el de centralización pura y el de descentralización pura. Los sistemas realmente existentes contienen todos elementos de centralización y de descentralización, y no hay "terceras vías". La comparación más relevante es entre los dos sistemas históricos imperantes: capitalismo avanzado y socialismo desarrollado. Ambos son además tentaciones en el horizonte de la futura organización económica de los países "en vías de desarrollo". La norma ética concreta evaluadora de los sistemas a partir de la Doctrina Social de la Iglesia se ve ayudada por una amplia concepción del hombre que incluya constitutivamente su actividad económica. Es lo que ocurre con las llamadas filosofías de la historia y teorías evolutivas y críticas de la sociedad. Esta ayuda permite formular como criterio ético de evaluación de los sistemas su contribución al progreso humano en su doble dimensión técnica y política: desarrollo liberador de las fuerzas productivas y liberación de las relaciones de opresión. Un análisis estructural y algo de evidencia empírica parecen inclinar la balanza en favor del capitalismo desarrollado como sistema actualmente existente, bajo ambos criterios. La respuesta no es tan clara respecto del segundo criterio, para los países no-desarrollados. ¿Qué hacer? Es aún una pregunta abierta.

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