Por mucho que el desarrollo y el progreso humano requieran de algo mas que fe, la consecución de uno y otro resulta imposible para George Gilder si ni siquiera existe esa fe. Fe no sólo en la inventiva del hombre o en las posibilidades del futuro sino también en valores y misterios trascendentes que están bastante más allá de las fronteras de la economía.
Además de un rescate de la creatividad humana, que el capitalismo incentiva y libera mejor que cualquier otro sistema económico, las páginas siguientes son también un apasionado discurso contra las miserias de la planificación centralizada y contra el fatalismo elevado a la categoría de ciencia.

