Estudios Públicos N° 122, 2011

Vargas Llosa, el político

Carlos Peña G. |

Las que aparecen como veleidades políticas de Vargas Llosa —se sostiene en este artículo— no son fruto del oportunismo ni de la reflexión teórica, sino de su fidelidad vital a una muy temprana concepción de la literatura y del oficio de escribir, la que luego desarrollará en su obra ensayística. De esa concepción derivan —señala Carlos Peña— un puñado de convicciones de amplio alcance político —la moral de la convicción en la esfera pública, el rechazo del historicismo y de cualquier teodicea mundana, la razón como un atributo limitado pero imprescindible— que más tarde son racionalizadas echando mano a las ideas de Popper y de Berlin; pero no necesariamente a las de Hayek. De todo ello —advierte Peña— no resulta ni un libertario ni un creyente liberal, sino un intelectual, ante todo, fiel a sí mismo.

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