Estudios Públicos N° 131, 2013

Naturaleza humana, biología y convención

Jesús Mosterín |

¿Hay una naturaleza humana? Habiéndola, ¿podemos deducir de ella las normas humanas? Partiendo de la tesis según la cual todas las especies tienen la naturaleza que les supone su genoma y que los humanes son cosas (prótai ousíai), y no relaciones ni accidentes, el autor revisa “los trucos” que de todos sus antecesores supervivientes los seres humanos han heredado, herencia que conforma la naturaleza humana. Pasando por la marcha bípeda, el desarrollo de la pinza de precisión y el crecimiento del tamaño del cerebro con su córtex prefrontal genéticamente programado para ese cierto margen de indeterminación que llamamos libertad, expone que esta indeterminación parcial de la conducta humana tiene como correlato el dolor, capacidad que aporta a la supervivencia y la eficacia biológica. Con la tendencia a minimizarlo, propia de la naturaleza humana, vemos dos emociones morales básicas descritas por Hume: el amor a uno mismo y la compasión por los demás. Los seres humanos no primitivos, nos sugiere siguiendo a Darwin, son aquellos que en el círculo de la compasión van incluyendo a todas las criaturas capaces de sufrir. Posteriormente, expone que la cuestión estriba en dilucidar qué aspectos de la vida social son por naturaleza (phýsei) y cuáles son por convención (nómō) (ello en conformidad al distingo griego); como también aquellas convenciones voluntarias y aquellas forzosas; la indispensable distinción entre moral y ética; y un desarrollo de la falacia naturalista y la falacia moralista.

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