Estudios Públicos Nº 41, 1991.

La fase superior y última del socialismo

Vitaly Naishul |

Tradicionalmente se ha visualizado a la Unión Soviética como una economía gobernada por un sistema de planificación centralizada en el cual la asignación de recursos se realiza a través de órdenes. En dicha realidad el Secretario General del Partido Comunista, el Comité Central del Partido o el Comité de Planificación de la Unión Soviética elaboran el marco que regirá la economía soviética. Este marco se transmite por medio de órdenes a los ministerios, departamentos, asociaciones y empresas, siendo en estas últimas transformadas en metas de producción.
Sin embargo, sostiene el autor, desde Brezhnev en adelante ha operado una organización económica denominada "mercado burocrático". En ésta, el proceso de toma de decisiones no se realiza a través de comunicación de órdenes sino que de consultas, proposiciones y transacciones en distintos niveles de la jerarquía administrativa. Según Naishul, este sistema representa la última fase de la economía socialista, aunque reconoce que su implementación genera la destrucción del sistema al dar origen a un mercado de bienes y servicios, pero también de cargos, beneficios y ascensos, todos "bienes" de valor en el sistema soviético y que son, por lo tanto, objeto de "intercambio".
Este mercado burocrático surgió como consecuencia de la crisis del sistema de planificación centralizada, y constituye el primer paso en la solución de ésta. Sin embargo, señala el economista ruso, la solución definitiva a dicha crisis pasa por la implementación de una economía de mercado. Al tornarse la economía más compleja y diversificada, el sistema de planificación centralizada falla en lograr un control efectivo de la actividad económica, lo que ocasiona desajustes entre la oferta y demanda de bienes y de recursos productivos. Esto lleva a una paralización de los procesos productivos al faltar los recursos y, consiguientemente, a una escasez de bienes de consumo.
Se plantea en este trabajo, entonces, que la única vía para lograr un crecimiento económico estable y un mayor bienestar de la población consiste en avanzar hacia una economía de mercado con precios libres, mercados laborales flexibles y privatización de empresas controladas por el Estado.