Estudios Públicos Nº 49, 1993.

La idea de la personalidad en el pensamiento de Goethe

Ricardo Krebs |

El hombre, a diferencia del animal y de la planta, debe definir su ser y crear su mundo: un mundo que le permita realizar su naturaleza humana. A lo largo de la historia las sociedades han condensado sus valores y sus anhelos en determinados arquetipos —como el héroe homérico, el hombre universal del Renacimiento o el hidalgo español— que debían servir de modelo para la existencia individual.

Con el advenimiento de la modernidad surge un individualismo que busca la plenitud en la realización de la libertad personal. El joven Goethe, hijo del siglo XVIII y admirador de Rousseau, protesta contra todas las normas colectivas y proclama con prometeico orgullo su fe en el personaje genial. Sin embargo, fruto de un largo proceso durante el cual descubre los valores de la cultura clásica, recoge el pensamiento fecundo del idealismo filosófico y se reencuentra con las verdades eternas del cristianismo. Goethe llega a superar el "subjetivismo individualista". La personalidad, entonces, se le revela "como un todo que ciertamente es individuo, por que es único y lleva su fin en sí mismo, pero que supera los límites de su individualidad mediante la identificación con los valores objetivos del arte, del pensamiento y de la religión, mediante la inserción del yo en la comunidad social y ... la prolongación de la existencia a través de la acción".