Estudios Públicos Nº 66, 1997.

Velos, máscaras y disfraces (o de la autenticidad)

Agustín Squella |

Distinguiendo la sinceridad y la veracidad de la autenticidad, el autor ve esta última como la virtud gracias a la cual la vida interior y la vida exterior de un sujeto coinciden. Así, para practicarla es necesaria entonces una cierta conciencia de sí mismo —y aun gozo de sí mismo—, equilibrada entre los extremos viciosos del ocultamiento de sí mismo y del exhibicionismo de sí mismo, o "majadería". Los elementos que perturban o impiden esa armonía entre el interior y lo exterior de un sujeto, como también algunas otras características próximas o parecidas a la autenticidad, se examinan aquí sin descui-dar uno de los requisitos que la modulan y hacen más humana, cual es el humor.