Estudios Públicos Nº 67, 1997.

Viajes: Experiencias y oportunidades

Ernesto Rodríguez S. |

La prudencia —la "frónesis" de los antiguos griegos— es vista aquí dentro de la perspectiva vital del viaje —o del viaje vital—, en cuyo curso representa la actitud vigilante pero también anhelante, o deseosa. No timorata, como suele mal entenderse, sino al contrario, atenta a la mejor manera de conducir la vida propia con el objeto de vivirla bien. La vida buena, no la vida apagada o reprimida, es el fin de una virtud mayor, "madre de las virtudes", que orienta el viaje y también el ejercicio de las restantes virtudes. No es prudencia, sin duda, la que impide o dificulta la felicidad, es decir, el juego de la vida; lo es, al contrario, la que permite desplegar las alas, o las velas, para ir a su encuentro. El autor examina una variedad de aspectos relativos a la conducción de la vida, ofreciendo un panorama complejo y rico, a la vez que estimulante, de una aventura en la que el ser humano debe practicar el arte supremo de intentar ser feliz.

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