Estudios Públicos Nº 71, 1998.

¿Desempleo juvenil o un problema de deserción escolar?

Harald Beyer |

La tasa de desempleo en Chile se ha situado en los últimos años en torno al 6%. La tasa de desempleo juvenil, por otra parte, se ha estabilizado en torno al 16%. Esto último genera preocupación en amplios sectores de la vida nacional. La evidencia internacional sugiere, sin embargo, que la tasa de desempleo de los jóvenes en Chile no es muy distinta de las que presentan otros países. Por otra parte, si se comparan los resultados actuales en materia de desempleo juvenil con los del pasado, se puede constatar que el problema no es nuevo en Chile.
La evidencia presentada en este trabajo sugiere que hay, al menos, tres elementos que influyen en el desempleo juvenil en Chile. En primer lugar, se constata que una baja educación aumenta la probabilidad de estar desempleado. Segundo, se sugiere que las regulaciones en el mercado laboral, especialmente el salario mínimo, también tienen un efecto no despreciable en el desempleo de los más jóvenes. Por último, se presenta evidencia que indicaría que hay jóvenes que estarían voluntariamente desempleados a la espera de una oferta laboral más adecuada a sus pretensiones.
Las recomendaciones de política apuntan, por una parte, a flexibilizar el mercado laboral, eliminando eventualmente el salario mínimo para los jóvenes. Por otra parte, si mayores niveles de escolaridad aumentan la probabilidad de estar empleado, entonces parece pertinente reducir la deserción escolar.
En el grupo de edad formado por personas entre 30 y 34 años, un 48% tiene menos de 12 años de educación. En el grupo entre 25 y 29 años, un 43% tiene menos de 12 años de educación. Esta todavía alta deserción escolar se concentra especialmente entre los jóvenes que provienen de hogares de menores ingresos. Ello hace que, en principio, no deban descartarse políticas sociales que reduzcan esta deserción.
Para esto es clave determinar si la deserción obedece a una decisión voluntaria, porque no se visualizan retornos importantes de la inversión en capital humano, o si ella se explica por urgencias económicas que no se pueden financiar a través de una vía distinta que no sea el trabajo de los jóvenes estudiantes. Al respecto, se presenta evidencia preliminar en este estudio que apunta a que mientras más bajo sea el ingreso de la familia más alta es la probabilidad que un joven deje de estudiar. Si éste fuese el caso, parecería razonable estudiar la posibilidad de subsidiar la permanencia de los jóvenes de hogares de bajos ingresos en la educación media.

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