Estudios Públicos Nº 77, 2000.

Educación y desigualdad de ingresos: Una nueva mirada

Harald Beyer |

La desigualdad en Chile es alta. Ella es producto de una elevada participación del 10% más rico de la población en el ingreso nacional. Ésta es, sin embargo, una parte de la historia. La fuente directa de la desigualdad de los hogares son los ingresos del trabajo y no los del capital como comúnmente se cree. Una situación que, por lo demás, es similar a la de toda América Latina. Si uno descompone la distribución de los ingresos en nuestro país se encuentra con que ésta en su parte inferior no es demasiado distinta de la que se observa en países mucho más igualitarios. La parte superior de la distribución, sin embargo, se dispersa significativamente. Ello se explica porque el impacto de la educación apenas se nota para aquellos que tienen 12 o menos años de educación. La curva de ingresos para este grupo es prácticamente plana. Sólo a partir de la educación superior tiene un año adicional de educación un impacto significativo en los ingresos de las personas.
Este comportamiento de los ingresos se traduce en un alto retorno privado a la educación universitaria y en un bajo retorno de otros tipos de educación. Es así como en enseñanza básica un año adicional de educación tiene un efecto marginal sobre los salarios de 6%. En la enseñanza media este retorno adicional es del orden de un 10% mientras que en la educación superior éste se empina a una cifra del orden de 22%. Esta estructura relativa es poco común y en países más desarrollados es habitualmente inversa. Las implicancias llaman la atención. Por ejemplo, mientras en Europa una persona con educación universitaria gana aproximadamente 1,8 vez lo que gana una persona con estudios de básica, en Chile esa relación es de 5,5 veces.
Esta situación no siempre ha sido así en nuestro país. En 1960 los retornos privados marginales a la educación básica y media estaban en torno al 10 y 20%, respectivamente. Los de la educación universitaria se empinaban al 13%. Estos fuertes cambios están a la base de las relativamente mayores desigualdades que se observan en el Chile de los 90 que en el de los 60. Esta estructura de retornos unida a las diferencias todavía importantes en la escolaridad de los chilenos contribuyen a explicar parte importante de las mayores desigualdades que se observan en Chile y, en general, en América Latina respecto del resto del mundo.