Estudios Públicos Nº 82, 2001.

Falencias institucionales en educación: Reflexiones a propósito de los resultados del TIMSS

Harald Beyer |

Se conoce como TIMSS al Tercer Estudio Internacional de Ciencias y Matemáticas. Este forma parte de una serie de estudios internacionales que desde 1959 viene desarrollando la Asociación Internacional para la Evaluación de Logros Educacionales (IEA). El objetivo de estas pruebas es establecer comparativamente el rendimiento educacional de los alumnos de un nivel de educación determinado. Los resultados no sólo permiten establecer el nivel educacional de un país en un momento determinado, algo útil en un mundo globalizado, sino que también entrega información pertinente para el diseño de políticas educacionales.
Chile ocupa tanto en ciencias como en matemáticas el lugar 35 entre 38 países siendo los resultados en matemáticas objetivamente inferiores a los de ciencias. Una primera lectura de estos resultados sugiere que ellos están influidos de una manera importante por nuestro nivel de desarrollo. En efecto poco más del 50% de la varianza en el rendimiento entre países se explica por la varianza en la proporción de estudiantes que proviene de hogares de bajo nivel de recursos educacionales. Como Chile tiene una alta proporción de estudiantes que proviene de este tipo de hogares nuestros resultados se explicarían solos.
De aquí parecería desprenderse que nuestros resultados en matemáticas y en ciencias no son el fruto de falencias de nuestro sistema educacional sino que la consecuencia de un todavía incipiente desarrollo económico. Sin embargo, un análisis más cuidadoso de la información, unido al hecho de que algunos países desarrollados tienen rendimientos muy poco satisfactorios, sugiere que atribuirle a nuestro bajo nivel de ingresos per cápita la gran responsabilidad de nuestros resultados en ciencias y matemáticas es incorrecto. La realidad es que hay algunos problemas serios en nuestro sistema educacional que requieren de atención. De otra manera no se puede explicar que los estudiantes de hogares con un nivel alto de recursos educacionales no se puedan empinar por sobre el promedio internacional general. Asimismo, aunque en todos los países hay una correlación negativa entre rendimiento y nivel socioeconómico, es difícil justificar la magnitud que alcanza en Chile. En este sentido no hay ninguna razón para pensar que nuestros estudiantes no puedan obtener resultados similares o superiores a los de Tailandia o Túnez. Ello significaría que nuestros alumnos provenientes de hogares con un nivel medio de recursos educacionales podrían subir su rendimiento en alrededor de 80 puntos. Aquellos provenientes de hogares con escasos recursos educacionales lo podrían hacer en unos 90 puntos.
Para lograr esta meta hay que lograr que nuestras escuelas se responsabilicen por los rendimientos de sus alumnos. La nula o escasa rendición de cuentas a las que están afectas las escuelas es, posiblemente, la principal falencia institucional de nuestro sistema educativo. Si ella no se corrige, se sostiene en este artículo, no se revertirá el descuido general, del que se ofrece evidencia, en el que transcurre la enseñanza en Chile. Ese descuido, seguramente, explica nuestros magros resultados. Urge, entonces, generar los instrumentos e instituciones para que las escuelas se sientan presionadas a hacerlo bien. Se propone en este estudio que las escuelas municipales puedan ser "intervenidas" por los padres si éstas no tienen rendimientos satisfactorios en las pruebas SIMCE. Esa intervención permitirá a los padres nombrar un nuevo director y suspender los "privilegios" que consagra el estatuto docente. Así se le entregará a los padres la adecuada flexibilidad para introducir los cambios que estimen pertinentes a las escuelas a las envían a sus hijos.

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