Estudios Públicos N° 86, 2002.

El profesor Iriarte

Alfredo Bryce Echenique |

Feliciano Iriarte pertenecía a esa desgraciada categoría de maestros a las que ningún alumno le decía profesor sino “profe”, por esas cosas de la vida en el Perú de los años cincuenta, en que las cosas estaban claras, las cholitas eran bonitas, y nadie quería imaginarse siquiera lo pluriétnica y pluricultural que podía ser la auténtica realidad nacional.
La gran diferencia entre un profesor y un profe es que a aquél se le respeta dentro y fuera de la sala de clases y dentro y fuera del colegio, mientras que al profe se le mete vicio, se le indisciplina uno, dentro y fuera del aula, e incluso después, ya de regreso a casa, de vuelta del colegio, o sea cuando el pobre hombre ni siquiera está presente. Digamos, pues, que uno es esencialmente irrespetuoso con el profe.