Estudios Públicos Nº 100, 2005.

La representación como delirio. Desvaríos sobre el Quijote y la modernidad

Martín Hopenhayn |

Se ha dicho por muchos motivos que el Quijote inaugura el espíritu de la modernidad. Esto es parcialmente cierto y en el presente artículo se aborda el aspecto que el autor considera más emblemático en tal sentido. Se trata del papel decisivo de la representación intelectual en la modernidad: el mundo como representación y construcción intelectual, mandato que recurre en la filosofía y cultura modernas. El delirio quijotesco se entiende, en este contexto, como representación de la representación, en que el protagonista toma una versión previamente representada del mundo (la de las novelas de caballería) para recrearla, a su vez, en la representación teatral que él mismo hace de dicha fuente de inspiración. Las andanzas marcan una relación con el mundo en que todo se eleva a relato, todo es a la vez anécdota y narración, mundo y literatura, imitación clásica y autopoiesis moderna, drama y parodia del mismo drama. Más aún, la segunda parte de la obra duplica la complejidad al multiplicar la cadena de representaciones con otros quijotes apócrifos, obras que ruedan al compás del mismo personaje, y obligan al Quijote a proyectarse en este juego de espejos que a la vez lo refleja y distorsiona. Cervantes cose así, en el anverso y el reverso, la representación moderna y la intertextualidad posmoderna.