Estudios Públicos Nº 111, 2008.

La conversión de terroristas en íconos o el síndrome de Herostratos

Ivan Witker |

Un extraño halo de romanticismo envuelve los tours de force de aquella violencia política asociada con la “causa justa”, con los desposeídos. Varios de sus intrépidos protagonistas son vistos hoy, en los años de post Guerra Fría, con una fascinación tan creciente como bizarra. Es que la violencia —se advierte en este artículo— puede engendrar figuras carismáticas, susceptibles de ser procesadas como mito y transformadas en objeto de culto. Epítomes son el afiche pop art de Guevara elaborado por Andy Warhol y todo ese mundus sensibilis creado en torno a los líderes de la Rote-Armee-Fraktion, cuya embestida contra el estado de derecho alemán, hace 30 años, parece ya estar adquiriendo tonalidades épicas. Pero hay límites. Las acciones de los suicidas místicos musulmanes son vistas como sacrificios des-individualizados que no provocan más que pánico. No son suelo fértil para la germinación de mitos, condición sine qua non para que el terrorista sea visto como un romántico rebelde. Sólo tienen en común esa dimensión herostratica de la violencia.