Estudios Públicos N° 114, 2009

El pasado como tentación

Arturo Fontaine T. |

En este ensayo se indagan las fuentes desde las que brota el sentimiento nacional, así como aquellas que alimentan los nacionalismos o las reivindicaciones nacionalistas. Se reflexiona, asimismo, sobre los desafíos que entraña la coexistencia de distintos pueblos y tradiciones bajo un gobierno común.

La ansiedad —se señala—, el miedo a que nuestros hijos abandonen nuestra forma de vida y nos resulten irreconocibles, nutre el sentimiento nacional. Los seres humanos queremos transmitir genes; pero no sólo eso, también queremos transmitir una forma de vida. El peligro estriba, sin embargo, en que a ese sentimiento o impulso se una la tesis de que a cada nación le corresponde un Estado. El sentimiento nacionalista corresponde en general a la necesidad de autoafirmarse ante una amenaza de fusión o disolución. Es siempre una búsqueda que se nutre de un relato que oponer a los otros. Nosotros somos los "no ellos". El nacionalista, en una reconstrucción voluntarista del pasado colectivo, se propone retomar la "tradición". Pero las tradiciones no son tan armónicas y coherentes como parecen. Sólo a distancia se ven así. También adentro de las tradiciones hay que elegir. Aunque nada menos tradicional que elegir una tradición. ¿Qué pasa si alguien libremente elige ser aborigen?

Conservar lo nacional, lo peculiar de cada pueblo —plantea el autor— es perfectamente compatible, en principio, con un Estado tolerante que gobierne a varias naciones, aunque en la práctica social esto no sea fácil. Frente al llamado de las fuerzas ancestrales, en estas páginas se invita a reconocer también la existencia de un poderoso llamado del signo contrario. Es la invitación a unirnos a lo diferente, a fundirnos con lo que nos es ajeno, no para repetirnos sino para crear algo nuevo.