Estudios Públicos N° 114, 2009

Malles en Santiago. De centros comerciales a centros urbanos

Alexander Galetovic | Iván Poduje | Ricardo Sanhueza |

Debido en gran parte al rápido crecimiento del ingreso, Santiago se ha transformado en una ciudad con múltiples centros. En este trabajo se vincula esa transformación de Santiago con los cambios recientes en el retail. La tesis es que los malles, originalmente meros centros comerciales, están deviniendo en centros urbanos, pues crecientemente cumplen las mismas funciones. La transformación de Santiago en una ciudad con múltiples centros está siendo liderada por los malles porque la propiedad concentrada de toda un área comercial es más eficiente que sus alternativas, los centros espontáneos gestionados por municipalidades o bien los centros comerciales gestionados por una asociación de propietarios. Al dueño de un mall le interesa valorar su inversión y tiene los medios contractuales para internalizar y explotar adecuadamente las externalidades positivas que genera la aglomeración de servicios, aprovechar economías de escala y de ámbito y resolver una serie de problemas de coordinación que pueden hacer fracasar a un área comercial. Por ello, las áreas comerciales creadas por estas empresas de retail son más valiosas para los consumidores.
La progresiva entrada de malles desde que se instaló el primero en 1982 refleja el aumento del ingreso. En 1992 había en Santiago cuatro malles, los que se ubicaban en la entonces periferia —el Parque Arauco y el Alto Las Condes en el oriente de Santiago, el Plaza Vespucio en el Sur, y el Arauco Maipú en el poniente—, manteniendo apreciable distancia entre sí. Con el crecimiento del ingreso ha caído dramáticamente el número de hogares necesarios para generar el gasto suficiente para sustentar un mall. Esto explica, de un lado, el aumento del número de malles: en 2006 ya eran nueve y se espera que en 2015 sean a lo menos veinte. Del otro lado, también explica por qué la mayoría de los nuevos malles se construirán en áreas consolidadas hace mucho tiempo —fenómeno que se conoce por infilling—, disminuyendo así considerablemente la distancia entre malles. El infilling también muestra que no tienen asidero las creencias de que es muy difícil construir nuevos malles en zonas consolidadas de Santiago o que es necesario disponer de un sitio eriazo.

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