Estudios Públicos N° 94, 2004.

Ho perduto la Formica

José Miguel Varas |

Entre 1951 y 1952, segunda mitad de su exilio, Pablo Neruda vive un período de largos viajes, de euforia en su creación poética, en su compromiso político y en su vida personal más íntima. Es el momento en que se consolida su relación amorosa con Matilde Urrutia, mientras su compañera Delia del Carril viaja de Europa a Chile para gestionar el regreso del poeta, sobre quien penden órdenes de detención y un proceso judicial.
Después de un tiempo de residencia incierta en París, donde el gobierno pone dificultades para extender su visa, establece su domicilio permanente en Checoslovaquia. Pero es en Italia, rodeado de afecto y de un amplio respaldo político, donde se siente más a sus anchas.
El testimonio personal de Inés Figueroa, que fue amiga personal de Neruda, le permite a José Miguel Varas reconstruir en forma detallada, bajo la forma de una crónica novelada, ese particular período del exilio de Neruda.

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