Estudios Públicos Nº 97, 2005.

Productividad, desigualdad y capital humano: Los complejos desafíos de Chile

Harald Beyer |

Para llegar a ser un país de alto ingreso per cápita hay que acumular capital tanto físico como humano. Esa acumulación no es automática. Por ejemplo, no se trata sólo de aumentar la escolaridad de la población sino que ésta debe venir acompañada de estándares de calidad (llamémoslos aprendizajes y destrezas) mínimos. Si éstos no se logran, la acumulación de capital humano estará muy por debajo de lo que, por ejemplo, sugiere la escolaridad de la población. Algo análogo se puede decir respecto de la acumulación de capital físico. En la medida que, en alguna proporción, ésta sea el fruto de distorsiones en la economía, su efecto sobre el crecimiento será menor de lo que podría desprenderse del análisis independiente de su magnitud.
Por eso es que una mirada meramente cuantitativa de la inversión o de la educación nos entrega una mirada limitada de la capacidad de un país para, por ejemplo, crecer o reducir los niveles de desigualdad. La acumulación de capital tanto físico y humano sirve de poco si los países no son capaces de desarrollar un conjunto de políticas e instituciones que, por una parte, aseguren fehacientemente que los recursos invertidos serán transformados en capital productivo y, por otra, permitan aprovechar eficientemente ese capital. Las diferencias en el grado de desarrollo de los países tienen mucho que ver con las diferencias en esas instituciones y políticas.
Teniendo esos antecedentes a la vista este estudio reflexiona, a la sombra de un marco general, sobre el desarrollo de la economía chilena en las últimas décadas. En particular se analiza el crecimiento de la misma y la elevada desigualdad que hay en Chile. Se hace ver que en los últimos 50 años la economía chilena ha progresado, en términos relativos, de manera aún insuficiente, y se plantea que sigue siendo un desafío acumular capital. Se hace un análisis especial de las deficiencias educacionales por su impacto tanto en la acumulación de capital humano como en la desigualdad de los ingresos.

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