Estudios Públicos Nº 50, 1993.

Friedrich A. von Hayek

Arturo Fontaine T. |

Acerca de la Viena de comienzos de siglo, dice Robert Musil en su novela El hombre sin atributos: "Si a alguien le caía en suerte hacer entonces la entrada en el mundo, sentía ya en la primera esquina el soplo acariciador del espíritu sobre sus mejillas". Los historiadores no cesan de asombrarse de la eclosión cultural que se produjo en tomo a la capital del Imperio Austro-Húngaro y que resultó determinante para el temple intelectual de nuestra época: Freud y el psicoanálisis; la filosofía de Wittgenstein y de Popper; Morgestern en matemáticas; Shönberg, Von Weber y Mahler en música; Loos, Wagner y Hoffmann en arquitectura; Klint, Shiele y Kokoshka en pintura; Moser en diseño; Von Mises y Schumpeter en economía, en fin, el propio Musil en literatura. Es el clima intelectual en el que se forma Friedrich A. von Hayek, fallecido el martes recién pasado, un economista cuya honda reflexión acerca de su disciplina lo llevó a plantearse cuestiones centrales de teoría política y a repensar los clásicos de la filosofía del siglo XVIII. Lo hizo teniendo a la vista un fenómeno característico de su tiempo: la sociedad totalitaria. Su pensamiento es hoy imprescindible para comprender en qué consiste el enfoque totalitario, sea de derecha o de izquierda.

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