Noticias In memoriam Lunes 21 de noviembre de 2022

Creerse la muerte

Joaquín Trujillo Silva |

In memoriam Roberto Torretti (1930-2022).

A fines del siglo XX, mi profesor de filosofía en Cabildo, don Renato Huerta Tapia, me anunció: “Roberto Torretti, el hombre más inteligente de Chile, acaba de publicar El Paraíso de Cantor, una fantasía de las matemáticas”. Me quedé pensando: “Ese gran pensador, el más inteligente de todos, se debe creer la muerte”. Años más tarde, en 2004, ya como estudiante universitario, con ocasión del bicentenario de la muerte de Immanuel Kant, asistí a un seminario en el CEP. Hablaban Alejandro Vigo y Roberto Torretti. Me armé de valor e hice una pregunta sobre los fundamentos matemáticos del juicio sintético a priori de Kant, porque yo había leído en Johannes Hirschberger que se hallaban absolutamente superados por el desarrollo de las matemáticas en el siglo XIX. Un par de días después, recibí en mi casilla de correo electrónico un mensaje de Roberto Torretti en el que acompañaba su ensayo “Intuición pura”. Torretti adivinó que yo debía ser alumno de Miguel Orellana Benado, quien le facilitó mi email.

Luego, tocó el momento de visitarlo en su casa. Torretti me hizo un tour por su inmensa biblioteca. Cuando caía la tarde me preguntó: “¿Usted conoce y ha leído a Peter Slotedijk?”. Yo le respondí que no, que ni siquiera sabía quién era. Él me dijo: “Ah, usted es un ignorante”. Intuí que con esa aseveración intentaba probarme. Le respondí con una pregunta: “Y usted, ¿cuándo lo leyó?” Se rio y confesó: “Hace un mes”. Ese era su humor. Todos éramos ignorantes, él incluido, pero podíamos dejar de serlo, mejor antes que después.

Durante muchos años conversé por email con don Roberto. El problema era que contestaba tan rápido y en forma tan completa que no había forma de corresponderle el tranco. En un momento, me envió un archivo con toda nuestra correspondencia: más de mil páginas, en las que me había enseñado cientos de cosas.

A mediados de 2010, con amigos de la Universidad de Chile, entre los que se contaba el recientemente fallecido abogado y poeta Camilo González Villanueva (1987-2020), decidimos formar una Comisión, actuar como agentes oficiosos y postular a Torretti al Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales. Yo sabía que si le informaba de nuestro plan, se opondría, así que conseguimos muchos apoyos sin avisarle. Cuando hubimos reunido suficientes, lo notifiqué: “Don Roberto, una comisión de admiradores lo está postulando al Premio. El artículo 8 de la Ley 19.169 señala que este se otorgará a quien “se haya distinguido por su aporte en el ámbito de las Ciencias Humanas”. Por lo tanto, si usted se opone estará obstaculizando el cumplimiento de una ley de la República”. Me dijo: “Me da un argumento irrebatible”, pero a continuación me mostró autos mal estacionados en su barrio y me preguntó: “Acaso esta gente no incumple reglas de la República?”.

A nivel internacional se corrió la voz del reconocimiento para Torretti y llegó un momento en que no dejábamos de recibir cartas de apoyo provenientes de las más prestigiosas universidades del mundo. Fueron cientos. La pregunta de estos exponentes principalmente de la filosofía de las ciencias era siempre la misma: ¿Hay un reconocimiento que en su país Roberto Torretti no haya recibido?

El Premio se le concedió en 2011 y en la mejor modalidad posible: en conformidad a la ley, el jurado tuvo la inteligencia de compartírselo con Carla Cordua. Además de que ella se lo merecía tanto como él, ambos constituían una comunidad intelectual imposible de separar.

Mientras reuníamos la información para su postulación, se me ocurrió elaborar, en base a un cuestionario, una breve biografía intelectual de Roberto Torretti que sirviera como presentación de la misma. A continuación, reproduzco esta defensa que en la Colonia se hubiera llamado “relación de méritos”, la cual obtuvo su nihil obstat y que él mismo intervino agregando, entre otras, algunas frases en alemán:

«En 1967, apareció en El Mercurio, una reseña crítica del Pbro. José Miguel Ibáñez sobre el entonces primer libro de un joven autor. Ese autor era Roberto Torretti, y su libro, una monumental obra que hoy constituye todo un clásico: Manuel Kant. Estudio sobre los fundamentos de la filosofía crítica. Decía aquella crítica: “[c]abe esperar justamente que la conciencia intelectual del medio se dilate y se haga digna de ellos [los libros como el de Torretti]”, y luego: “lo que el pensamiento de Roberto Torretti obtenga de esta superación es algo que interesa vitalmente a todo el medio intelectual que le rodea, y que desde ahora mismo contrae con él una deuda de gratitud por este luminoso ensayo, que sepamos, la mejor obra sobre Kant aparecida en lengua castellana”.

Esta rotunda afirmación escrita por nuestro más riguroso crítico, hoy, casi 45 años después, es recordada como ejemplo de un ponderado juicio y un atinado vaticinio.

Filósofo de la nitidez, conocedor de audaz profesionalismo en la filosofía, la física y la matemática de la tradición occidental, al tiempo que conocedor esmerado de las artes, la economía, el derecho y las tecnologías, Torretti es junto con George Steiner uno de los pocos sabios que todavía viven en Occidente.

Por ejemplo, Gregory D. Gilson y Gregory F. Pappas en el Companion to Latin American Philosophy (editado por Susana Nuccetelli, Ofelia Schutte y Otávio Bueno Malden, MA: Wiley-Blackwell, 2010) en su capítulo 35, Some Great Figures, de un total de treinta y siete grandes figuras latinoamericanas que van desde el siglo XVI hasta la actualidad, incluye a cuatro chilenos: Andrés Bello, Francisco Bilbao, José Victorino Lastarria y Roberto Torretti.

Nacido el 16 de enero de 1930, Roberto Torretti estudió en The Grange School y luego Derecho y Filosofía en la Universidad de Chile para inmediatamente pasar a doctorarse en la de Friburgo. Considerado por muchos uno de los mejores filósofos en la historia de Hispanoamérica, Torretti ha escrito una veintena de libros y cientos de artículos especializados sobre filosofía de las ciencias que lo elevan como una eminencia en habla castellana y en el mundo. Entre ellos hay que destacar, el ya mencionado Manuel Kant. Estudio sobre los fundamentos de la filosofía crítica (1967), Philosophy of Geometry from Riemann to Poincaré (1978), Relativity and Geometry (1983), Creative Understanding: Philosophical Reflections on Physics (1990), Variedad en la Razón: Ensayos sobre Kant (en coautoría con Carla Cordua) (1992), La geometría del universo y otros ensayos de filosofía natural (1994), El Paraíso de Cantor: La tradición conjuntista en la filosofía matemática (1998), The Philosophy of Physics (1999), Diccionario de lógica y filosofía de la ciencia (en coautoría con Jesús Mosterín) (2002), Relatividad y espaciotiempo (2003).

Primogénito del matrimonio entre Roberto Torretti Rivera y Valentina Edwards Halle, fue un niño precoz y curioso que muy pequeño leía a Verne, Dumas padre y a Víctor Hugo. A los 15 años leyó La decadencia de Occidente de Oswald Spengler, en traducción española, único libro de filosofía que había en casa de sus padres. A partir de ese momento leyó sistemáticamente en traducción inglesa o española a casi todo Platón, un poco de Aristóteles, mucho Descartes, Spinoza, Leibniz, Berkeley y Hume. Fracasaron sus intentos de leer a Kant en castellano, pero su encuentro con Wilhelm Dilthey, en la traducción de Eugenio Imaz, lo orientó hacia un historicismo del cual nunca más se apartó. Durante los dos primeros años como estudiante de Derecho, Roberto Torretti asistió a la clase de Derecho Constitucional de Gabriel Amunátegui Jordán, y a la de Introducción al Derecho de Carlos Hamilton. Dejaron también huella en él, Aníbal Bascuñán, profesor de Historia del Derecho, Miguel Schweitzer, profesor de Derecho Penal, y Felipe Herrera, profesor de Política Económica. Estudiando el Código Civil de Don Andrés Bello, libro hermoso pero difícil, guiado por el profesor Hugo Rosende, aprendió la importancia de escribir con claridad y precisión.

Ya en 1949, junto con empezar el tercer año de Derecho, ingresó al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile a estudiar la carrera de profesor de filosofía. Asistió a las clases de Luis Oyarzún, las de Eugenio González, de Jorge Millas y de Ernesto Grassi. Fueron, sin embargo, las clases de ética de Roberto Munizaga, las de lógica de don Marcos Flores, las de historia de la cultura y de filosofía medieval del brillante sabio polaco Bogumil Jasinowski y muy especialmente las impartidas por el Dr. Erwin Johann Rüsch, las que calaron más profundo en el joven Torretti.

Desde muy temprano, sus profesores y sus lecturas le hicieron consciente de la importancia decisiva de la filosofía crítica de Kant para el pensamiento europeo y americano de los siglos XIX y XX. A los 23 años, cuando se preparaba para el doctorado en filosofía en la Universidad de Freiburg, leyó las tres críticas como trampolín para entender a Fichte, tema de su tesis doctoral; a Schelling, el idealista alemán preferido de Wilhelm Szilasi, su Doktorvater; y sobre todo a Hegel.

Cuando eligió el tema de su tesis sobre Fichte, Torretti veía el idealismo alemán como la cúspide de la filosofía. Leyendo a Richard Kroner y otros autores del período de entre guerras, se había persuadido de que este modo de pensar había progresado lineal e inexorablemente de Kant a Hegel. Creyendo que ya conocía a Kant, estimó que le correspondía ascender al segundo peldaño de esa escala y estudiar a Fichte. Le sedujo su prosa lúcida, su afán de “forzar al lector a entender” (den Leser zum Verstehen zu zwingen), y su soberano desdén hacia las convicciones más difundidas. Pasó varios años leyendo sus obras principales con muchísimo gusto. Pero hoy por hoy se ha sumado a la opinión del personaje de Musil según la cual Fichte es “un tanto exagerado”.

A principios de la década del sesenta Torretti se disponía finalmente a estudiar en serio a Hegel —lo que no había podido emprender hasta entonces debido a la necesidad de ganarse la vida— cuando se le ofreció la posibilidad de postular a una Beca Humboldt. Propuso como proyecto un libro didáctico, pensado en castellano, que facilitara el estudio en nuestra lengua, de la filosofía de Kant, porque sentía que este seria un compromiso que él estaba en condiciones de cumplir. El estudio a fondo de los escritos de Kant que tuvo que llevar a cabo para efectivamente cumplirlo le marcaron para siempre. Concebido y ejecutado como un instrumento para estudiar la Crítica de la razón pura de Kant, su libro, cuyo aporte han reconocido tres generaciones de profesores y estudiantes de filosofía en Hispanoamérica y España, ha sido reeditado dos veces y fotocopiado hasta la saciedad. Más de treinta años después, en 1992, volvió Torretti a dedicar un libro completo a Kant, Variedad en la Razón: Ensayos sobre la filosofía de Kant, obra en coautoría con la Profesora Carla Cordua, su señora, con quien ha compartido toda su vida desde que se encontraron en el Pedagógico.

El paso de Torretti por la universidad alemana como por la filosofía pensada en esa lengua dejó huella en él. En su práctica docente, como en la programación de mallas curriculares en que alguna vez tuvo parte, nunca perdió Torretti de vista el modelo alemán adquirido en su feliz estadía por Freiburg.

Sin agotarse en una tradición tan poderosa y compleja como la de la filosofía en lengua alemana, Torretti se ligó a la filosofía de las ciencias hasta transformarse — como muestran las cartas de autores y profesores extranjeros acompañadas a esta presentación— en una de sus grandes figuras.

Pues bien. Aun antes de que Jasinowski le hiciera ver la íntima relación histórica entre la filosofía y las matemáticas, ya se sentía Torretti fuertemente atraído por estas. Por eso, mientras cursaba el primer año de Derecho, estudió cálculo diferencial e integral en antiguos manuales ingleses que se utilizaban en otra escuela universitaria.

La preocupación de Torretti por la doctrina kantiana del espacio — específicamente, el deseo de cerciorarse personalmente si cabe o no sostener que la razón humana está comprometida irremisiblemente “por naturaleza” con el Postulado de Euclides— motivó el proyecto de historia de la filosofía moderna de la geometría que propuso en 1972 a la Guggenheim Foundation. Gracias a que esta le otorgó una beca por un año y la Universidad de Puerto Rico le concedió una licencia sabática, pasó dos años en Europa durante los cuales completó el famoso Philosophy of Geometry from Riemann to Poincaré. Los trabajos preparatorios y borradores del que estaba contemplado como segundo tomo se convirtieron luego en un libro dedicado exclusivamente al aspecto geométrico —o mejor dicho, geocronométrico— de las teorías de la relatividad de Einstein y a algunas de sus implicaciones filosóficas.

Torretti vio en Einstein el intelectual más emblemático del siglo XX. Aparte del esfuerzo gozoso de introducirse en sus teorías y tratar de entenderlas, tuvo especial significación para él un dicho de Einstein de 1930, según el cual los conceptos y leyes fundamentales de la física son “invenciones libres del espíritu humano” (freie Erfindungen des menschlichen Geistes). Ello inspiró su libro más personal, Creative Understanding, que en español habría titulado Inventar para entender, libro que arranca de la tesis kantiana sobre la subordinación de la observación a los conceptos del entendimiento.

En 1998, producto de una estrecha y prolífica relación con la axiomática matemática de cuyos méritos nos da noticia la carta del Premio Nacional de Ciencias Dr. Servet Martínez, aparecería El Paraíso de Cantor, un libro en que se propuso trazar la historia de la tradición conjuntista desde sus comienzos en el pensamiento de Cantor y Dedekind hasta la demostración de los teoremas de independencia de Paul Cohen, con los que, a su modo de ver, dicha tradición naufraga (en virtud de estos teoremas, la palabra conjunto, que para el conjuntismo designa el objeto primordial e insoslayable de la investigación matemática, es irremediablemente ambigua). La invitación a escribir lo que sería The Philosophy of Physics para una serie de la Cambridge University Press, dejó pendiente la historia de la teoría de modelos en que reposa el resultado de Cohen. Posteriormente, el diccionario en coautoría con Jesús Mosterín —Diccionario de la lógica y filosofía de la ciencia—, dado a la imprenta en 2002, pospuso irremediablemente la sección final.

Publicados en 1994 y 2003, respectivamente, se añadieron a sus obras La geometría del universo y Relatividad y espaciotiempo, libros compilatorios de sus artículos sobre relatividad y cosmología relativista aparecidos —algunos en inglés— en distintas revistas y libros colectivos entre 1978 y 2000.

El trabajo de Torretti en filosofía de las ciencias confirmó su excelencia con un libro para la serie sobre la evolución de la filosofía moderna que publica la Cambridge University Press, invitado por sus editores Paul Guyer y Gary Hatfield: The Philosophy of Physics. En él se formula genialmente —según dan cuenta algunas de las cartas acompañadas— la relación histórica de la filosofía establecida en la física desde el siglo XVII hasta nuestros días.

Torretti además realizó un aporte profundo y duradero a las humanidades en Chile y muy especialmente al giro humanista de los científicos e ingenieros chilenos. Fue profesor en la Universidad de Concepción y luego se desempeñó como director del Centro de Estudios Humanísticos en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, desde enero de 1964, con grandes ilusiones hasta que el rumbo que la llamada “reforma universitaria” imprimió a la Universidad de Chile las tornó realmente ilusorias. El Departamento de Humanidades de la “Sede de Occidente” de la Universidad de Chile sucedió al Centro de Estudios Humanísticos después que Roberto Torretti se había retirado de este.

En otra de sus facetas, a partir de 1971 Torretti se hará cargo de Revista Diálogos. La revista Diálogos fue fundada por el filósofo chileno José Echeverría. Entendiendo el nombre en su acepción corriente en castellano, se propuso publicar en ella debates filosóficos, con réplicas y dúplicas, pero bajo la dirección del Dr. Ludwig Schajowicz, tomó el carácter de una revista de ideas contemporáneas, siguiendo el modelo clásico de la Revista de Occidente. Cuando el Dr. Schajowicz se acogió a jubilación en 1971, Torretti, ante la escasez de fondos para honorarios, propuso entonces convertir a Diálogos en una revista profesional de filosofía. Torretti se hará cargo durante más de veinte años.

Profesor titular de la Universidad de Chile y emérito de la Universidad de Puerto Rico, esta última universidad generosamente le concedió varias licencias sabáticas para investigar y escribir en Europa y en los Estados Unidos continentales, así como licencias sin sueldo para que hiciera uso de dos becas de la Guggenheim Foundation (1974-75 y 1980) y de una del Pittsburgh Center for the Philosophy of Science (1983-84). Durante los últimos años que trabajó en la docencia, la Universidad dispuso que dedicara una parte significativa de su horario regular a sus proyectos de investigación.

En el último tiempo la Universidad Diego Portales ha publicado en su colección Pensamiento Contemporáneo, la 3ª edición, corregida y ligeramente aumentada, del Manuel Kant, el libro De Eudoxo a Newton (el cual recoge una versión revisada y bastante expandida de los textos que redactó para los estudiantes del curso sobre “Modelos matemáticos en la filosofía natural”, que fue el penúltimo que dictó en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile); tres tomos de Estudios filosóficos, que reúnen una selección de los artículos escritos por Torretti entre 1956 y 2009; el pequeño libro Crítica filosófica y progreso científico; y Conceptos de gen, que reúne siete artículos de otros autores, que seleccionó entre los publicados en inglés sobre este tema y tradujo al castellano.

Hoy Roberto Torretti —que recientemente ha sumado a su doctorado en Freiburg, el Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Barcelona— está próximo a cumplir 82 años y vive con su señora la también filósofa Carla Cordua Sommer, en Santiago de Chile. Las cartas que se acompañan a esta presentación, escritas por grandes profesores y autores —que conocen y no conocen personalmente a Roberto Torretti— están contestes en señalar la excelencia abrumadora de cada uno de sus libros, la fineza de sus puntos y el dominio acabado de amplias zonas del conocimiento humano en un espacio temporal y temático que suele ser dividido al efecto de ser estudiado.

La eventual premiación del profesor Dr. Roberto Torretti Edwards vendría a saldar una antigua deuda, a engrandecer la aplicación de la ley 19.169, y a reconocer tardía pero orgullosamente lo que el mundo filosófico internacional ya conoce de sobra.»

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La preocupación de Torretti por las políticas públicas era constante. Fue un amigo del CEP muy interesado en lo que investigaba y proponía el Centro.

Curiosamente, su último libro de 2020 fue una traducción de tres pasajes de La guerra del Peloponeso de Tucídides, sobre el “daño colateral” de este enfrentamiento. La primera selección comprende los capítulos 2.47-58 y el 3.87, que narran la peste que diezmó Atenas. La segunda, los capítulos 3.70-85 y 4.46-48 sobre “stasis” o lucha de facciones (que se conoce a veces como “guerra civil”. La tercera, comprende los capítulos 7.27-30, que cuentan el saqueo de la ciudad beocia de Micalesos por una banda de mercenarios. Torretti manifestó alto interés por estos episodios y otros de naturaleza geopolítica, como el del famoso diálogo melio, también de la Guerra del Peloponeso (5.84-116), al que dedicó un libro previo.

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Hace algunos años le conté esa anécdota, la de mi profesor de enseñanza media que me había anunciado la publicación de su Paraíso de Cantor, y mi reacción. Se rio a carcajadas. Le parecía muy cómico eso de creerse la muerte. ¿Cómo alguien podía darse tanta importancia? O, más raro aún, ¿pretender que hubiese que “creer” en la muerte, como si no estuviera suficientemente acreditada?
Ahora que la muerte se ha llevado a quien supuse que se creía la muerte, solo me resta repetir algo que le dije: ¡Gracias! Habiéndolo conocido a usted me he hecho testigo de lo alto que puede llegar la humana natura y, por lo tanto, si me dejo engañar, seré el peor de todos. Creo no traicionar, con esta convicción, a muchos de los que lo conocimos y admiramos.

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Apéndice:

Los libros publicados por Roberto Torretti fueron: Manuel Kant: Estudio sobre los fundamentos de la filosofía crítica (Santiago de Chile: Ediciones de la Universidad de Chile, 1967; Segunda Edición, Buenos Aires: Editorial Charcas, 1980; Tercera edición, Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2005); Filosofía de la Naturaleza: Textos Antiguos y Modernos (Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1971; Segunda edición corregida y aumentada. Santiago de Chile: Editorial Univ ersitaria, 1998); Problemas de la filosofía: Textos filosóficos clásicos y con temporáneos (Río Piedras: Editorial Universitaria, Universidad de Puerto Rico, 1975) (En colaboración con Luis O. Gómez); Philosophy of Geometry from Riemann to Poincaré. Dordrecht: D. Reidel Publishing Co., 1978; Reimpresión corregida, Dordrecht: D. Reidel Publishing Co., 1984); Relativity and Geometry (Oxford: Pergamon Press, 1983; Segunda edición corregida, New York: Dover, 1996); Creative Understanding: Philosophical Reflections on Physics (Chicago: The University of Chicago Press, 1990); Variedad en la Razón: Ensayos sobre Kant (Río Piedras: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1992) (En colaboración con Carla Cordua); La geometría del universo y otros ensayos de filosofía natural (Mérida: Comisión de Publicaciones de la Universidad de los Andes, 1994); Sophocles’ Philoctetes. Text and Commentary (Bryn Mawr, PA: Thomas Library, Bryn Mawr College, 1997) (Bryn Mawr Greek Commentaries); El Paraíso de Cantor: La tradición conjuntista en la filosofía matemática (Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1998); The Philosophy of Physics (New York: Cambridge University Press, 1999); Diccionario de Lógica y Filosofía de la Ciencia (Madrid: Alianza Editorial. 2002; Segunda edición, Madrid: Alianza Editorial. 2010) (En colaboración con Jesús Mosterín); Relatividad y espaciotiempo (Santiago de Chile: RIL editores. 2003); Pensar la ciencia: Estudios críticos sobre obras filosóficas (1950-2000) (Madrid: Tecnos. 2004) (En colaboración con Miguel Espinoza); Estudios filosóficos: 1957-1987 (Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2006); Estudios filosóficos: 1986-2006 (Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2007); De Eudoxo a Newton: Modelos matemáticos en la filosofía natural (Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2007); Crítica filosófica y progreso científico: Cuatro ejemplos (Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2008); Conceptos de gen. Compilador y traductor: Roberto Torretti (Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2009); Estudios filosóficos: 2007-2009 (Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2010); Sófocles: Filoctetes. Texto griego compuesto, traducido y anotado por Roberto Torretti (Santiago: Ediciones Tácitas, 2011); Inventar para entender (Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2012, versión castellana de Creative Understanding); Tucídides: Por la razón o la fuerza. Introducción, traducción y notas de Roberto Torretti (Santiago: Ediciones Tácitas, 2017); Tucídides: Desastres de la guerra. Traducción, introducción y notas de Roberto Torretti (Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2020).

En el CEP, Roberto Torretti pronunció conferencias y publicó artículos, a los que puede accederse aquí:

Artículos en Estudios Públicos:
- "Diseños y designios"
- "Nicolás Gómez Dávila, pensador reaccionario"
- "Sobre la conferencia de Jesús Mosterín “Naturaleza humana, biología y convención”"
- "¿Cómo entiendo el pragmatismo?"
- "Aseveración desmentida". 

Video: "Mosterín: Naturaleza humana, biología y convención"


Podcast: 

Conversaciones sobre libros: Roberto Torreti habla de su libro "Desastres de la guerra".

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