Noticias Notas de Prensa Octubre 2019

Diálogos en el Congreso

Comunicaciones CEP |

Leonidas Montes y Lucas Sierra fueron invitados a exponer sobre la crisis social en el Senado.

El Presidente del Senado, Jaime Quintana invitó a diversos centros de estudios y universidades a una instancia de reflexión y diálogo con los parlamentarios para conversar sobre las causas que han motivado las manifestaciones sociales que se iniciaron el 18 de octubre pasado, así como para discutir las propuestas para superar la situación.

En la sesión, 1ue se realizó el 24 de octubre pasado, expusieron el director del CEP, Leonidas Montes y el investigador Lucas Sierra. También estuvieron presentes en la reunión los rectores de las universidades de Chile y Portales,  Ennio Vivaldi y Carlos Peña; y representantes de Libertad y Desarrollo, Espacio Público, Chile 21, PNUD, Instituto Igualdad, entre otros centros de pensamiento.

Revise el video de este encuentro

Presentación de Leonidas Montes

En estos momentos tristes y difíciles, agradezco al presidente del Senado esta invitación a reflexionar sobre lo que estamos viviendo.

Se nos pregunta por las causas de esta crisis. Digamos la verdad, tenemos más preguntas que respuestas. Pero en estos tiempos de incertidumbre, disfrazados de certeza, me permito compartir algunas ideas importantes y ciertas impresiones personales sobre lo que vivimos.

Aristóteles nos dejó esa gran idea del zoon politikón. Los seres humanos vivimos en sociedad, con otros. Somos animales sociales que actuamos como personas y ciudadanos. Aprendemos a ser virtuosos, nos decía el filósofo, así como aprendemos a ser buenos constructores. Pero todo esto -incluso la moral que nos define lo que es bueno o malo- lo construimos en sociedad.

Ya en el siglo XVII, Hobbes, con esa imagen del Leviatán distante e impertérrito, establece la idea del contrato social donde todos nos ponemos de acuerdo. Para eso renunciamos a parte de nuestra libertad, asumiendo deberes que nos permiten la convivencia social, en paz. Si no tuviéramos ese acuerdo social que nos exige leyes y deberes, viviríamos en un estado de naturaleza aterrador. Sin contrato social -sin reglas, sin paz, sin sociedad– nuestra vida, nos dice Hobbes, sería "solitaria, pobre, terrible, brutal y corta".  Viviríamos en un estado de guerra de todos contra todos. Sería el gobierno del miedo. Por eso -y sobre todo en estos momentos- necesitamos al Estado con su mirada fría e indiferente.

En seguida surgen los principios liberales de “la vida, la libertad y la propiedad” como los cimientos la sociedad moderna. Y finalmente la democracia representativa como la mejor forma de organización social. La institucionalidad de nuestra democracia es el cemento que une a los ciudadanos y a la sociedad. Y cuidarla -ya lo sabemos en Chile- exige todo de nosotros.

Una reflexión antes de mis impresiones: la destrucción del Metro, es tan dolorosa como incomprensible. Es un ataque cobarde y egoísta a quizá el mejor símbolo de nuestro progreso, a un modelo de integración y unión. Han atacado a una empresa pública del Estado que es de todos chilenos.

Las manifestaciones y la violencia son expresiones que tienen múltiples causas y motivos. Todos estos fenómenos sociales y políticos, sobre todo en el siglo XXI, son complejos. Podemos especular incansablemente sobre las razones que han motivado la ira. Y también sobre los chalecos amarillo defendiendo lo propio y lo comunitario. Pero no debemos olvidar que ustedes y los partidos políticos son nuestra democracia.

Chile he crecido como nunca en su historia. En 1990 nuestro PIB per cápita no alcanzaba los usd 6.000. Hoy es de USD 25.000. La pobreza era casi un 40%. Hoy está bajo el 10%. El Gini era 57, y ha bajado gradual y lentamente a 45 (y no tenemos la mayor desigualdad del planeta ni de Latinoamérica). La inflación era del 26%. Hoy está bajo el 3%. Pero todos sabemos que el progreso no son sólo números ni crecimiento económico. También está la dignidad. Es cierto que nos quedamos con el Adam Smith de la Riqueza de las Naciones, y todavía no hemos visto la importancia de su Teoría de los Sentimientos Morales. Por eso pienso que hay una preocupante carencia de empatía a todo nivel. Pareciera que hoy el individuo y lo que siente o piensa define lo que es bueno o malo.

En cuanto a las propuestas para abordar esta crisis, es tarea fundamental del Congreso preservar y fortalecer nuestra institucionalidad democrática. En las etapas para enfrentar la crisis, y en una serie de temas de fondo, no puedo estar más de acuerdo con lo que ha dicho el rector Carlos Peña, que ha sido una voz de moderación y racionalidad en estos días convulsionados. Es tiempo de colaboración, de diálogo, no de mezquindades ni acusaciones constitucionales que no conducen a nada más que a la división.

Ya habrá tiempo para reflexionar y analizar esta crisis, pero es mi impresión que el mundo político tiene una oportunidad para mejorar su alicaída reputación. La receta más urgente es simple: trabajo serio y riguroso para llevar adelante de manera eficaz una agenda bien focalizada y ambiciosa. La propuesta de usd 1.200 millones permanentes nos exigirá esfuerzo y trabajo. Y no nos engañemos, crecimiento económico.

En esta crisis social, todos somos responsables. Pero los más irresponsables son los que ignoran lo que está en juego: los principios que sostienen nuestra vida en común, esto es, la democracia representativa y su institucionalidad. Pienso que esta crisis es también un llamado a la acción, una oportunidad para mostrarle a la ciudadanía lo que nuestros representantes pueden y deben hacer.

Una última impresión: la razón no puede ser esclavizada por las pasiones ni por los intereses de algunos grupos que nos asustan o gritan más fuerte. Conocemos el destino de las facciones y asambleas iluminados por la calle. Nuestro gran Andrés Bello, ese portento intelectual, escribía en su Gramática castellana: “los que no moderan las pasiones son arrastrados a lamentables precipicios”. Es tiempo para la racionalidad y para la moderación, para hacer honor a nuestra democracia representativa con todas sus imperfecciones.

En el Centro de Estudios Públicos y su equipo, a punto de cumplir sus 40 años, nos ponemos a disposición para colaborar con el Congreso y todos los centros de pensamiento aquí presentes.

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