Opinión OPINIÓN / La Segunda Viernes 15 de mayo de 2020

Aprendizajes para el sistema de salud

Carolina Velasco O. |
Foto: William Rojas

Mientras más avanza la pandemia, más nos percatamos de que queda mucho por entender del comportamiento del virus. Entre lo poco que sabemos: que es bastante contagioso y que demanda un mayor uso de camas (más o menos complejas) y ventiladores.

Asimismo, que las condiciones de riesgo de la población (enfermedades preexistentes, obesidad, consumo de tabaco y alcohol), aumentan la probabilidad de requerir asistencia médica y de morir. 

También sabemos que nuestro sistema de salud cuenta con menos de la mitad de médicos, camas y enfermeras por habitante en relación con los países desarrollados (aunque se ha aumentado bastante en poco tiempo). Que la proporción de población de riesgo es mayor que en dichas naciones en varios aspectos (sobrepeso, consumo de tabaco, diabetes). Que no contamos con información precisa ni en línea de cada persona en Chile (estado de salud, demográficos y otros requeridos para identificar de manera precisa a las personas de riesgo). 

Por ello estamos obligados a tomar medidas más duras (como cuarentenas obligatorias en amplios sectores) para mitigar el contagio y no sobrepasar nuestro sistema de salud. Pero las cuarentenas tienen efectos negativos: económicos, en violencia intrafamiliar, en brechas educativas y de género. Paradójicamente, también en salud, tanto mental (estrés, depresión) como física, ya que muchas personas dejan de tratar otras condiciones, sea porque están en cuarentena, se suspenden las atenciones electivas o no hay capacidad. Y no tenemos en Chile aún un sistema de telemedicina extendido. 

Debemos comenzar a abordar estos déficits. Lo más obvio, seguir invirtiendo en formación de personal de la salud y en hospitales y hacer un mejor uso de ellos. Pero también, implementando de una vez la telemedicina, que llegó para quedarse, y, en general, un sistema de salud digital moderno, que incorpore (y sobre todo resguarde) la información clínica, la toma de horas, las recetas y las licencias médicas en línea. Asimismo, urge volver el foco del Ministerio de Salud hacia el que le corresponde. Ser la entidad rectora, que dicta política pública y se preocupa de la salud de toda la población (como lo ha hecho en la pandemia). Es fundamental que se desarrollen mejores políticas de prevención, atacando las altas tasas de sobrepeso, consumo de alcohol y tabaco, que inciden en otras enfermedades. Pero también las capacidades para analizar datos (identificando con precisión los grupos de riesgo, generando información de desempeño y calidad de entidades de salud), que son clave para informar las decisiones. El ministerio debe abocarse a dichas tareas con mayor fuerza y recursos que hoy, dejando en manos especializadas la gestión hospitalaria. No es su fuerte, le quita tiempo y recursos y lo debilita en su rol rector al ser juez y parte. Lo urgente no debe impedir avanzar en lo importante. 

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