Opinión El Mercurio, 9 de agosto de 2016

¿Prioridad para las urgencias?

Carolina Velasco O. |

Un estudio que realizamos en 2015 apunta también a otras causas para explicar el sobreuso de las urgencias.

En un editorial del día sábado 6 se propone al gobierno mejorar la atención de las urgencias con el objeto de ofrecer alivio real a los enfermos. Si bien aumentar su dotación y capacidad puede ayudar a acortar los tiempos de espera, no se abordan las causas del alto uso de este tipo de prestación médica que, según su editorial, sería un asunto "cultural", puesto que las personas preferirían ir directamente a los hospitales.

Un estudio que realizamos en 2015 con Josefa Henríquez ("Las desigualdades en la atención médica en los últimos 20 años", Debates de Política Pública, N° 13, CEP) apunta también a otras causas para explicar el sobreuso de las urgencias: las mayores restricciones en el acceso a la atención en salud que sufren las personas de menores recursos en Fonasa. Para ellos (casi) la única opción es atenderse en prestadores estatales, donde la espera es larga, tanto porque faltan médicos, como porque para la atención de mayor complejidad deben ser vistos primero por un médico general, lo que añade otra etapa de espera al proceso, que puede durar años cuando se trata de prestaciones que no cuentan con Garantías Explícitas en Salud (GES). Más aún los pertenecientes al grupo A (los más pobres), tienen vetada la atención con prestadores privados. Para hacerlo deben pagar el costo completo de las consultas (al resto de los usuarios el Fonasa les reembolsa parte del costo).

Entonces, ya sea porque no quieren esperar o porque genuinamente su enfermedad se agravó debido a la demora, las personas de menores recursos usan en mayor medida las urgencias. Si bien coincido con el editorial en cuanto a que cambiar conductas es lento, acá pareciera que el comportamiento de dichas personas más que "una tradición cultural" es la respuesta a una necesidad no resuelta. Una solución sería implementar de verdad el modelo de atención en salud basado en el nivel primario (que supuestamente rige en Chile), otorgando a este nivel el control real del cuidado de sus beneficiarios, con financiamiento, atribuciones e incentivos adecuados, en orden a que sean estos "especialistas en salud primaria" (médicos, enfermeros de práctica avanzada y otros profesionales de la salud) quienes, en base al conocimiento cercano de sus pacientes -y por cierto su preparación- decidan cuándo derivar a otros niveles.

La situación actual (mayor esperanza de vida y convivencia con enfermedades crónicas) requiere adecuar la atención a la cotidianidad de las personas, sacándolos de los hospitales. En el mundo hay experiencias dignas de replicar.

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