Opinión El Mercurio, 18 de marzo de 2012

Causas y lecciones de la crisis europea

Vittorio Corbo |

Para hablar sobre las lecciones y causas de la crisis europea, partamos por una breve evolución de los principales acontecimientos. La génesis de la crisis estuvo en la baja en las tasas de interés que siguió a la creación del euro y a la creciente credibilidad del BCE para mantener la estabilidad de precios. Esta baja en las tasas de interés llevó a una fuerte expansión del gasto interno en los países donde la reducción de tasas fueron las más pronunciadas: Grecia, Portugal, España, Irlanda e Italia. En algunos países el aumento del gasto estuvo liderado por el gasto privado y en otros por el gasto público: como resultado, aumentaron los déficits en cuenta corriente, se deterioró la competitividad, se crearon burbujas en precios de activos y aumentó la deuda externa.

Este boom de gasto fue facilitado por un sector financiero con debilidades en los sistemas de evaluación de riesgos y sometido a una supervisión y regulación débiles.

La crisis se gatilló cuando el financiamiento externo comenzó a reducirse y las tasas de interés se incrementaron con la Gran Crisis Financiera del año 2008. Todo comenzó en Grecia a partir de las dificultades crecientes que tuvieron sus bancos y el Estado para acceder a financiamiento externo y se expandió después a Portugal e Irlanda. Al cerrarse los mercados, estos tres países tuvieron que ser rescatados con programas apoyados por la Troika, conformada por la Unión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el FMI. El pobre manejo de la crisis hizo que ésta se extendiera en 2011, golpeando a Italia y España e incluso impactó, más recientemente, el costo de financiamiento de los gobiernos belga y francés. Aunque el riesgo de una catástrofe en Europa se redujo considerablemente con las acciones del BCE, esta crisis aún no se ha resuelto y lo más probable es que los GIIPS (Grecia, Irlanda, Italia, Portugal y España) necesiten un largo período de ajustes y reformas para fortalecer su situación fiscal y retomar el crecimiento.

Además los líderes europeos van a tener que crear un superfondo para proveerle más financiamiento a Grecia, Portugal e Irlanda, y para proteger los mercados de deuda de Italia y España mientras se ejecutan los programas de ajuste y las reformas.

Aunque la crisis está lejos de resolverse, ya han surgido numerosas hipótesis respecto a sus posibles causas. Entre éstas destacan: (1) el descuido por la solvencia fiscal y la excesiva expansión de Estado; (2) la débil regulación y supervisión del sistema financiero; (3) una falta de preocupación por el bajo crecimiento y la mantención de los equilibrios macro; (4) la falta de autoridades fiscales y de supervisión y regulación financiera común para todos los países miembros de la Unión Monetaria Europea (UME); (5) y, la inexistencia de un prestamista de última instancia de los gobiernos en la UME. Para analizar la validez de cada una de estas hipótesis, primero es necesario señalar que los casos de estos países son bastante distintos y, por lo tanto, no hay una causa común. En particular, la primera hipótesis no se aplica ni a España ni a Irlanda que tenían razones de deuda pública a PIB inferiores a 40% en 2007, y una situación fiscal bastante ordenada antes de la crisis. Por su parte, Italia mantenía una alta tasa de deuda a PIB ya a inicios de los 90 y un superávit primario hacia fines de la década pasada. Grecia es un caso aparte, ya que antes de la crisis tenía un alto déficit fiscal y un alto déficit privado que resultaban en déficits en cuenta corriente cercanos al 15% del PIB y un explosivo crecimiento de su deuda pública y privada.

En cuanto a la segunda hipótesis, ésta se puede aplicar a Irlanda y a España. En el caso del primero, la crisis comenzó en el sector bancario que se había expandido en forma muy imprudente con pasivos que en el 2008 eran más de tres veces el PIB, obligándolos a acudir agresivamente al financiamiento en mercados de corto plazo para sostener activos de largo plazo. Por su parte, en España se permitió una agresiva expansión del crédito y el desarrollo de una pronunciada apreciación en los precios de activos, especialmente los inmobiliarios.

Por otro lado, Portugal e Italia tenían en común una economía llena de rigideces que las tenían prácticamente estancadas haciéndolas muy vulnerables a shocks que pudiesen afectar a su actividad. Esta situación es más compatible con la tercera hipótesis. Con respecto a la cuarta hipótesis -la falta de autoridades fiscales y de supervisión y regulación financiera común- no es posible evaluarlo porque no es claro que hubiesen sido efectivas, dados los problemas para controlar a los países individuales. La quinta hipótesis fue mucho más relevante una vez que la crisis ya se había desatado, contribuyendo a su contagio y al retraso en la toma de medidas para restablecer la confianza en el sistema financiero europeo en su conjunto.

Las causas de la crisis europea no son muy distintas de la crisis de Chile de comienzos de los 80. En el caso de Chile, la expansión de la segunda mitad de los 70 se vio facilitada por fácil acceso a financiamiento externo y un sector financiero que operaba que tomó riesgos excesivos y que operaba con una regulación y supervisión débiles. El déficit en cuenta corriente, por exceso de gasto privado, alcanzó el 14% el año 1981. El excesivo crecimiento del gasto resultó también en una importante pérdida de competitividad. Finalmente, lo que gatilló la crisis fue la pronunciada alza en las tasas de interés internacionales que siguió al esfuerzo de Volker por reducir la inflación americana. Al subir las tasas de interés se contrajo la demanda, se deterioró la solvencia del país, aumentó el desempleo y la banca perdió su solvencia.

La gran lección, por lo tanto, es la importancia del monitoreo de los desequilibrios macro y tener la capacidad para controlarlos con el uso de políticas macro y una apropiada regulación y supervisión de la banca.

Lo anterior debe ser complementado también con una regulación macro prudencial para evitar una excesiva expansión del crédito y la formación de potenciales burbujas en precios de activos. La gran lección es la importancia del monitoreo de los desequilibrios macro y tener la capacidad para controlarlos con el uso de políticas macro y una apropiada regulación y supervisión de la banca".

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