Opinión El Mercurio Domingo 15 de noviembre de 2020

Chile entre varios shocks

Vittorio Corbo |
Foto: Wiiliam Rojas

La economía chilena ha estado sometida también a importantes shocks, partiendo por el estallido social de octubre del año pasado y la violencia que lo acompañó, el acuerdo político para llevar a cabo un proceso constitucional y después el shock del covid-19.

Las perspectivas económicas de una economía pequeña y abierta como Chile dependen de factores externos e internos. Desafortunadamente, en el último tiempo hemos sufridos shocks negativos en ambos frentes.

La economía global se ha deteriorado, afectada por la pandemia de covid-19. Los confinamientos para contener la propagación del virus y no copar la capacidad del sector salud y el temor de la población a los contagios resultaron en una pronunciada reducción de la movilidad, lo que impactó con fuerza al producto, al empleo y a los ingresos de familias y empresas. A pesar de las agresivas políticas macroeconómicas y financieras para mitigar sus efectos, la economía mundial experimentó en el primer semestre la peor contracción desde que hay registros, impactando inicialmente a China, donde se inició la pandemia, y extendiéndose después a Europa, Estados Unidos y el resto del mundo.

La economía global comenzó a recuperarse cuando se redujeron los contagios y aumentó la movilidad, sorprendiendo con un rebote inicial de las economías avanzadas mayor al anticipado, impulsado por el aumento de la movilidad y los estímulos fiscales y monetarios, pero comenzó a perder fuerza durante el tercer trimestre, afectado por las cicatrices de la crisis —alto desempleo, empresas con problemas de deuda, liquidez e ingresos— y el estancamiento de la recuperación de la movilidad en sectores de servicios con alto contacto personal.

La recuperación de la economía global enfrenta ahora el shock adicional del aumento pronunciado de los contagios en Europa y Estados Unidos, en momentos que en Estados Unidos la discusión sobre estímulos fiscales está paralizada y la efectividad de la política monetaria es reducida en Europa y Estados Unidos, lo que impactará el crecimiento de los próximos trimestres. Pero no todo es negativo en la economía global: China, el principal mercado para nuestras exportaciones, mantiene los contagios acotados y avanza en su recuperación.

Una de las mejores noticias la tuvimos esta semana, con el anuncio de los exitosos resultados de la fase 3 de pruebas de la vacuna contra el covid-19, desarrollada en forma conjunta por Pfizer y BioNTech. Además, hay dos vacunas adicionales, la de MODERNA y la conjunta de la Universidad de Oxford y AstraZeneca, que están en sus etapas finales de evaluación. Una vacuna exitosa cambiaría en forma importante las perspectivas globales, especialmente mejorando las expectativas. Sin embargo, hay que tener presente que tomaría a lo menos un año la vacunación de una parte relevante de la población mundial. Así, los efectos negativos del shock del covid-19 van a seguir afectando a la economía global por un buen tiempo.

La economía chilena ha estado sometida también a importantes shocks, partiendo por el estallido social de octubre del año pasado y la violencia que lo acompañó, el acuerdo político para llevar a cabo un proceso constitucional y después el shock del covid-19. El estallido social surgió, entre otras razones, por la incapacidad del sistema político de hacerse cargo de los principales problemas de la ciudadanía: delincuencia, salud, educación y pensiones (encuestas CEP). Al final del día, han sido el debilitamiento de los partidos políticos y la falta de gobernabilidad lo que ha dificultado la construcción de mayorías para resolver estos problemas, adecuando y perfeccionando las políticas, y el marco institucional y regulatorio en que se desarrollan las actividades económicas en nuestro país.

Con una violencia que tomaba cada vez más fuerza, el Ejecutivo y el Congreso buscaron una salida en el acuerdo político de noviembre del año pasado sobre un proceso constitucional, cuya primera etapa fue el plebiscito de hace algunas semanas. El plebiscito fue un proceso ordenado y sin violencia, salvo casos aislados, lo que fue un gran logro, y abre una puerta de salida al entrampamiento político de los últimos años. Pero ahora viene el trabajo difícil de redactar una Constitución, que le permita al país seguir progresando y avanzar en resolver las demandas ciudadanas. Sin crecimiento no habrá recursos para financiar estas demandas ni tampoco oportunidades de empleo.

De hecho, según Cadem, las principales razones para votar Apruebo fueron garantizar derechos sociales en salud, educación y pensiones (49%), seguido por cambiar la Constitución de Pinochet (19%). Para poder seguir progresando, la Constitución tiene que incluir principios básicos que faciliten el crecimiento (entre otros, protección de los derechos de propiedad, independencia del Banco Central, iniciativa exclusiva del Ejecutivo en gasto público e impuestos, libertad de emprender) y principios que refuercen el funcionamiento de los partidos políticos, eviten la fragmentación política y faciliten la gobernabilidad.

El shock del covid-19 golpeó a nuestra economía cuando recién comenzaba a recuperarse del estallido social y sus efectos se han concentrado en muchos de los mismos sectores que ya habían sido golpeados por el shock del 18-O: hoteles y restaurantes, turismo, entretenimiento y comercio, agregándose otros que vieron sus actividades reducidas por las cuarentenas o el temor de la población a los contagios. Con el progreso en el control de la pandemia y la mayor movilidad, la economía comenzó a recuperarse en junio pasado.

Con todo, el Imacec desestacionalizado de septiembre está todavía un 7,2% por debajo de su valor de febrero pasado (antes de la pandemia) y se han perdido casi 1.700.000 empleos en el mismo período. Recuperar estos puestos de trabajo va a ser muy lento y difícil porque la incertidumbre política, la quiebra de empresas, los efectos de la pandemia en sectores intensivos en trabajo y la expansión de la digitalización y del comercio en línea van a limitar la creación neta de empleos. En esta etapa, las políticas públicas deben enfocarse en políticas de prevención —testeos trazabilidad y aislamiento—; en apoyar a los hogares —aumentando incentivos para reincorporarse al mercado laboral—, y en la reactivación de las empresas y de la demanda por trabajo. Va a ser necesario también fortalecer programas de capacitación para mejorar la empleabilidad de los que perdieron sus empleos por estos shocks, y flexibilizar los horarios de trabajo para que las empresas puedan ajustar sus jornadas manteniendo los contagios controlados mientras tengamos que convivir con el virus.

Las secuelas del shock del covid-19 y la crisis política van a afectar nuestro crecimiento futuro. Esto aumenta la urgencia de volver a poner la gobernabilidad y el crecimiento con equidad en el centro de la agenda política para satisfacer responsablemente las demandas ciudadanas.

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