Opinión La Tercera Sábado 24 de agosto de 2019

Una solución de fondo

José Joaquín Brunner |
Foto: La Tercera

¿Cual es el mejor camino para descomprimir la crisis del Instituto Nacional?

El Instituto Nacional (IN) es un hito en la historia del país. Según escribió Diego Amunátegui Solar en 1891: “Este colejio ha desempeñado en Chile por muchos años un papel tan importante como el de la máquina en un buque de vapor: sus oscilaciones, su progreso, su decadencia han repercutido de una manera sensible en nuestro mundo social y político”.

Desde entonces, el Instituto Nacional continuó formando a generaciones de dirigentes políticos, intelectuales públicos, científicos, académicos, escritores y profesionales.

Cumplió pues la tarea trazada por Camilo Henríquez: “Dar a la Patria ciudadanos que la defiendan, la dirijan, la hagan florecer y le den honor”.

Ahora, sin embargo, el buque insignia de la educación chilena navega a la deriva; sin dirección o propósito fijo, a merced de las circunstancias. El IN se halla atrapado en una doble crisis. Incluso los sectores progresistas le han vuelto la espalda.

Por un lado, los brotes de violencia y el colapso de las estructuras normativas y de autoridad de la institución. Por otro lado, una crisis de identidad, de proyecto y significado.

La primera es una crisis de autoridad; el definitivo derrumbe de ésta. La segunda es aún más profunda y letal; amenaza la propia existencia institucional.

Corresponde a una falta de respuestas para preguntas cruciales: ¿qué es el Instituto Nacional hoy? ¿Qué papel juega en la sociedad? ¿Cuál es su misión y proyecto? ¿Qué vínculo vital mantiene con su notable historia? Cualquiera salida debe hacerse cargo de ambas crisis.

Tres elementos no pueden estar ausentes:

1. Una nueva forma de organización. Ésta ha ido cambiando a lo largo del tiempo. La actual -a medio camino entre un sostenedor municipal y un servicio local- es insostenible. Se requiere una nueva definición orgánica. He sugerido dar al Instituto Nacional la forma de una fundación pública educacional, con su propia estructura de gobernanza, que goce de autonomía y posea un bien definido proyecto educativo.

2. Una gobernanza reforzada. Un consejo directivo integrado por miembros designados por la municipalidad, el ministerio, los exalumnos, la comunidad escolar y algunos líderes de la sociedad civil. Designaría al director, quien, junto al equipo directivo, tendría facultades efectivas para dirigir y administrar el establecimiento. A mediano plazo le correspondería reponer una cultura organizacional basada en los valores del civismo, la convivencia pacífica, el diálogo y el pluralismo.

3. Una identidad histórica remozada. Un proyecto educativo que renueve la identidad histórica del Instituto Nacional, con tres ejes: (i) formación de futuros dirigentes de una sociedad globalizada; (ii) currículo basado en las competencias del siglo XXI; (iii) continua innovación de métodos pedagógicos.

De esta forma volvería a adquirir un papel fundamental en la sociedad chilena. Otros colegios podrían asociarse en el futuro a esta figura.

Avanzar hacia una respuesta integral supone acabar, desde ya, con la actual espiral de violencia.

Esto obliga a interrumpir el año escolar de la enseñanza media y llamar a todos los estudiantes y familias interesadas a reiniciar actividades una vez suscrito un nuevo contrato del colegio con la comunidad escolar, con reglas exigentes y compromisos seriamente asumidos. A partir de ahí podría darse inicio a la refundación institucional.

ARTÍCULOS RELACIONADOS