Opinión El Mercurio, 15 de noviembre de 2013

A solo dos días

David Gallagher |

En dos días más sabremos la respuesta a muchas preguntas que nos hacemos. Por ejemplo, ¿cuánta gente va a votar, y cuánto van a sacar los candidatos minoritarios? Los dos temas están relacionados, porque apuntan al grado de disconformidad que pueda haber con el sistema político y con el “duopolio”, aunque la abstención tenga que ver también con otras cosas. Desde ya, con que la voluntariedad del voto sea todavía una novedad, y que la gente no esté dispuesta a renunciar a lo que ven como un nuevo derecho.

Otra pregunta clave: ¿será Bachelet capaz de traspasar su popularidad a los candidatos al Congreso? Los expertos creen que sí, pero no me parece tan seguro. No pudo traspasarla a Frei en 2009, y la última encuesta del CEP, que le da una aplastante ventaja a Bachelet en la elección presidencial, indica que la tasa de aprobación de la Nueva Mayoría es de solo el 20%, frente al 24% de la Alianza. No hay nada tan contradictorio en esto. Después de todo, la popularidad de Bachelet se debe en parte a la habilidad con que ella se posiciona por encima de sus partidos. Por otro lado, los votantes pueden querer diversificar su voto. Que gane Bachelet, pueden pensar, pero con un Congreso equilibrado, en que no haya una aplastante Nueva Mayoría que la obligue a hacer cambios demasiado radicales.

Evelyn Matthei merece recibir muchos votos. Ha realizado una campaña heroica frente a las chambonadas y deslealtades de su sector, y al hecho de que Bachelet es en este momento un fenómeno político de dimensiones inabordables para un competidor. La imagen de seriedad y dignidad que ha desplegado Matthei quedará por mucho tiempo en la retina de los chilenos. Pero es improbable que le toque ser la próxima Presidenta de Chile. La otra gran pregunta que se despejará este domingo es, entonces, si Bachelet gana en primera vuelta.

También conoceremos el contenido y tono de los discursos de los vencedores y los vencidos. Los de los vencidos son interesantes por lo que aprendemos de quienes los pronuncian. ¿Acogen su derrota con nobleza, o se refugian en excusas y recriminaciones, como ocurrió en algún caso en las primarias? En cuanto a los de los vencedores, nos indican cómo van a actuar en el futuro. Recuerdo el de Lagos en 1999, cuando en primera vuelta le ganó por muy poco a Lavín. Dijo que había entendido el mensaje. Y enseguida cambió de rumbo. Su campaña de segunda vuelta fue mucho menos izquierdista que la de la primera. Al otro extremo, está el de Bachelet después de su triunfo en las primarias en junio. Ella interpretó el rotundo margen que obtuvo como una vindicación del programa radical con que se había presentado.

¿Qué dirá ahora si gana en primera vuelta? Me imagino que dependerá de cuántos doblajes haya. Pero aun si hay muchos, le conviene interpretar el resultado con cautela, si quiere privilegiar la gobernabilidad del país. En Chile la ciudadanía parece estar albergando grandes pasiones actualmente, pero son pasiones volátiles. Muchas reformas radicales que parecen populares hoy no lo serán el día en que se conozcan sus costos.

Un discurso que podría consultar Bachelet es el que dio el general De Gaulle en Argelia el 4 de junio de 1958, cuando estaba recién investido como Presidente. De Gaulle le habla desde un balcón a una masa de nacionalistas franceses que lo aclaman desde la calle. Como Lagos, dice que los entiende. “Sé lo que ustedes quieren”, sentencia. Pero los va llevando de a poco a querer justo lo opuesto. En vez de una Argelia francesa, nada menos que una Argelia independiente. Los hace cambiar de opinión sin que apenas se den cuenta.

Grande será la Presidencia de Bachelet si ocupa su carisma como De Gaulle, no para seguir a la gente, sino para guiarla.

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