Opinión El Mercurio, 21 de septiembre de 2012

Chile en Chile Day

David Gallagher |

No había estado antes en un Chile Day. Consiste en un valioso esfuerzo de venta del país que hace el sector privado una vez al año a través de Inbest, una asociación de los principales actores del mercado de capitales. Se invita a inversionistas extranjeros a oír de Chile en algún centro financiero internacional. Hasta 2010 era Nueva York, pero por segundo año consecutivo ha sido Londres.

Yo participaba con Lucía Santa Cruz e Ignacio Briones en el panel con el que se inauguraba Chile Day . Moderado por Michael Reid, el editor del Economist para América Latina que escribió un largo y contencioso artículo sobre Chile hace algunos meses, el panel tenía como título "El camino de Chile al progreso" y como subtítulo "Nada me satisface"; en inglés, " I can't get no satisfaction ", la frase de la emblemática canción de los Rolling Stones de 1965, en que el vocalista se lamenta de que nada lo satisface, a pesar de todo lo que tiene y todo el esfuerzo que hace. Del subtítulo se desprendía que Reid nos iba a preguntar sobre la insatisfacción que parece haber en el Chile de hoy, y sobre los efectos que pueda tener en el modelo y en la estabilidad del país.

El mero hecho de que comenzáramos con un panel que reflexionara con franqueza sobre este tipo de tema impresionó al público británico. Un país que para venderse parte la jornada así, claramente tiene confianza en sí mismo, y es a la vez confiable. Creo que los inversionistas concluyeron que, a pesar de los disturbios callejeros que habían visto tan a menudo en la BBC, Chile es, después de todo, un país estable, uno en que el modelo prospera, aun cuando, legítimamente, la gente lo discuta y busque cómo mejorarlo, siendo que los ciudadanos chilenos ya no son los sumisos seguidores de las élites que eran antes: se han vuelto contestatarios y críticos.

Reid me preguntó al final si había un riesgo de que Chile algún día siguiera el camino de Argentina y cayera en manos de un populista. Yo le contesté que la lucha por que haya buenos gobiernos nunca se puede dar por ganada en ningún país. Pero que yo creía que el riesgo era bajo, justamente porque la gente se ha vuelto tan crítica: ya no somos un país en que se pueda vender pomadas. Dije que algunos analistas se asustaban cuando en los sondeos, una inmensa mayoría de encuestados contestaba "Ninguno" ante la pregunta de si eran de izquierda, centro o derecha, o de la Alianza o la Concertación. Algunos analistas veían allí un vacío peligroso, uno que un populista podría llenar. Pero yo más bien veía en los Ningunos la sana resistencia que ha adquirido la gente a ser encasillada en las categorías de las élites, y por eso mismo sentía que serían los primeros en resistirse al populismo.

Es lo que contesté, pero después tuve algunas dudas. Los chilenos hemos sido moderados siempre, me dije, pero eso no ha impedido que las élites nos hayan llevado a ser gobernados a veces por extremistas. Los votantes finalmente están obligados a elegir entre las alternativas que les proponen. Por otro lado, los países ricos en commodities corren riesgos adicionales. Cuando los precios están altos, como en Argentina en 1943, puede llegar un Perón al poder con el argumento de que el país está "forrado", y de que en vez de crear riqueza, hay que repartirla. Cuando los precios están bajos, como en Venezuela en 1998, un Chávez puede aprovechar la frustración que se da.

Felizmente estamos todavía a años luz de Argentina y Venezuela, y eso lo sintieron los inversionistas en Londres, en un Chile Day impecablemente organizado por Inbest, con la valiosa ayuda del ministro de Hacienda y su gente. Pero, como lo percibía un personaje de Vargas Llosa, los países pueden empezar a joderse cuando casi nadie se da cuenta.

74.476 SEGUIDORES SÍGUENOS
23.937 SEGUIDORES SÍGUENOS
11.569 SEGUIDORES SÍGUENOS
9,476 SUSCRIPTORES SÍGUENOS
2.424 SEGUIDORES SÍGUENOS