Opinión El Mercurio , viernes 18 de julio de 2008.

El momento político

David Gallagher |

La encuesta del CEP dejó al Gobierno otra vez con una tasa de desaprobación (43 por ciento) mayor que la de aprobación (40 por ciento). Es la primera vez, en 17 años, que el saldo haya salido negativo para el Gobierno en tres mediciones seguidas.

Según muchos, la culpa la tiene la economía, o la conducción eco-nómica. ¿Son lo mismo? No necesariamente. La economía puede estar mal porque el mundo está mal, y no porque hay una mala conducción, y eso la gente lo sabe. Por otro lado, cuando la gente le da mala nota al manejo de la economía de "Michelle Bachelet y su equipo económico", habría que preguntarse qué entiende por equipo económico. ¿A qué ministros incluye? Finalmente, si creen que el manejo es malo, ¿en qué forma lo mejorarían? ¿Con políticas más ortodoxas, o con medidas más populistas? Sería bueno que en una próxima encuesta, el CEP hiciera estas preguntas. Mientras no lo haga, permitámonos algunas conjeturas.

Si se disparó la inflación como una de sus preocupaciones principales, es razonable suponer que la gente estaría en contra de medidas que la aumentaran. Por tanto, no debería haber demanda por políticas populistas. Allí cabe destacar la alta aprobación que tiene el manejo económico entre la gente que se dice de izquierda. Por otro lado, los personajes políticos más identificables con el populismo reciben una pésima evaluación. Entre los 36 evaluados, Osvaldo Andrade sale nada menos que último, compitiendo para ese puesto con Guillermo Teillier, Alejandro Navarro, Jorge Schaulsohn y uno que otro representante de lo que es percibido como la derecha dura. En contraste, Andrés Velasco sale bastante bien parado. No es absurdo concluir, entonces, que el manejo económico sería mejor evaluado si se optara por más cautela en el gasto fiscal y por más medidas liberalizadoras, tras, ojalá, un inspirado cambio de mando en Trabajo, como el que la Presidenta ocasionó en Educación.

Una amplia mayoría de los encuestados (52 por ciento) contesta "Ninguno" si se le pide optar entre la Concertación (23 por ciento), la Alianza (14 por ciento) y Juntos Podemos (seis por ciento). Hay allí un vasto universo de votantes independientes que, por lo visto, Sebastián Piñera ya ha comenzado a seducir. Pero la Alianza se queda atrás. No ha podido capitalizar ni la crisis económica, ni la manifiesta izquierdización de la Concertación. Este porfiado fenómeno, que incluye un pacto electoral con los comunistas, se está dando a contrapelo de lo que quiere un electorado cada vez más moderado. Sería patético que la Alianza no lograra sacarle partido.

En las preguntas presidenciales, Piñera se ve sólido. Se luce en las 12 preguntas sobre los atributos de los candidatos. Sale primero en siete de ellas. Está claro que su competidor más fuerte es Lagos, que sale primero en tres. Pero estas preguntas también revelan mucho sobre los otros candidatos de la Concertación. A esta distancia de las elecciones, la opinión de la gente sobre los atributos de Alvear, Frei e Insulza me dice más que su intención de voto. Y allí la encuesta es un éxito para Frei, un fracaso para Insulza, y una catástrofe para Alvear. Entre los tres, Frei sale primero y Alvear última en los temas más importantes: el de estar preparado para ser Presidente, el de ser capaz de unir el país, y el de poder solucionar los problemas de la gente. Frei se yergue como una muy plausible alternativa presidencial para la Concertación, si se piensa, además, que su lejano gobierno es poco vulnerable, hoy día, a la crítica. Más bien, como todo lo que ocurrió en tiempos remotos, despierta nostalgia.